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Artículo sobre el asesinato del Monte de Piedad

     Hay determinados sucesos que mantienen a la población expectante durante algún período de tiempo, y caen después en el olvido, mas en estos tiempos en que la ingente cantidad de información que tenemos a nuestra disposición hace olvidar rápidamente casi cualquier suceso.

     Ocurrió el viernes 2 de Julio de 1909 un crimen en las instalaciones de la Ilustre y benéfica Institución del Monte de Piedad de Madrid, motivado por una venganza que nunca llegó a saberse que fundamentos tenía.

     Fue ejecutor el sacristán de la capilla del Monte de Piedad y victima el conserje y portero mayor de las oficinas de la misma institución.

      Ocurrió poco después de las nueve y cuarto de la noche cuando llego al edificio del Monte de Piedad el conserje y portero mayor, Don Tomás Gómez Sanz, donde tenía su domicilio con entrada por la calle de San Martin, allí le salio al paso Don Juan José Navarro, entonces sacristán de la capilla del Monte de Piedad y portero de la casa número ocho de la calle de San Martín. En esta parte del edificio solo estaban las habitaciones que correspondían al entonces director del Monte de Piedad, Don José Álvarez Mariño.

     Parece ser que Juan José Navarro pidió a Tomás Gómez que fuese con él a ver unas pinturas que se habían hecho recientemente por encargo del Monte, no desconfió Tomás Gómez y se encamino con Juan José Navarro a donde éste le indicaba.

     Entraron al edificio por la puerta de la plaza de las Descalzas Reales, donde en el patio estaban los carteles realizados, las examinaron durante un rato, y cuando Tomás Gómez se iba a marchar a su casa, Juan José Navarro le dijo que le quería enseñar en los sótanos de la institución unas cosas que le sorprenderían.

     El edificio del Monte de Piedad tiene en el subsuelo un dédalo de pasillos, donde están los depósitos de los objetos entregados en garantía de los préstamos. Estos pasillos subterráneos se hallan dispuestos de modo que sea fácil su vigilancia, y hasta tienen condiciones estratégicas de defensa para caso de invasión. La oscuridad de estos pasillos favorecía el intento de asesinato y el hallarse completamente desarmado el conserje favorecía la impunidad.

     Ya en el sótano Juan José Navarro le dijo a Tomás Gómez, “te he traído aquí para que pagues tus culpas. Aquí mismo voy a darte cuatro tiros”, y uniendo la acción a las palabras le disparó a quemarropa varios tiros, que no fueron oídos.

     Pasado algún tiempo dos empleados del Monte bajaron al sótano y tras oir llamadas de auxilio encontraron a Tomás Gómez gravemente herido, en medio de un gran charco de sangre, siendo trasladado por estos a la casa de socorro del Distrito Centro.

     Los médicos de guardia reconocieron al herido y constataron que había recibido una herida por arma de fuego con orificios de entrada y de salida en el tercio inferior del antebrazo derecho, otra con orificio de entrada y de salida en el tercio superior del mismo brazo, tres heridas penetrantes de arma de fuego en el lado derecho del vientre, otra herida penetrante en el lado izquierdo del vientre, y una erosión leve en la mano derecha, siendo el estado del herido muy grave, no obstante y debido a las condiciones sanitarias de la época, una vez realizada la primera cura, fue conducido con todas las precauciones necesarias a su casa.

     Avisado el Juzgado acudió al lugar del suceso el Juez de guardia, que aquél día era el de Universidad, Don Manuel Moreno, acompañado del escribano, Sr. Moreno Pastor, y del oficial Sr. Rubio, trasladándose inmediatamente a la casa de socorro donde todavía estaba el herido, y de quien se obtuvo declaración suficiente, entre balbuceos y sincopes, para formar idea de lo sucedido..

     El autor de este crimen, Juan José Navarro, es viudo, y vive con un hijo suyo de trece años de edad, llamado Manuel, y con una mujer llamada Eloisa Viana Braojo desde hace diez años, era sacristán de la capilla del Monte de Piedad, y además portero y servidor de algunas de las dependencias del establecimiento.

     En cuanto el comisario del distrito Centro tuvo noticias de lo sucedido envió al lugar al Inspector Don Honorio Inglés, a los agentes Alfredo S. Inestrillas, Telmo Almellones y Maximino Gómez, acompañados de guardias de seguridad.

     El inspector Sr. Inglés preguntó a Manuel por su padre, respondiendo el interpelado que no estaba en casa, y que sería inútil que lo buscasen allí; no obstante los agentes procedieron a inspeccionar la vivienda, donde efectivamente no hallaron al buscado, procediendo a inspeccionar el edificio y llegados a un patio que tenía una puerta cerrada preguntaron quien tenía llave de la misma, manifestando Manuel que él no tenía llave de tal puerta ni sabía quien pudiera tenerla.

     Los agentes forzaron la puerta y se aventuraron por una serie de callejones y penetraron por un pasillo en completa oscuridad, diciéndose en el periódico de que hago uso que los adelantos de la policía madrileña no habían llegado aún a que los que tienen la misión de perseguir a los criminales lleven consigo linternas eléctricas, que eso pertenecía a las fantasías novelescas de Conan Doyle.

     El caso es que los agentes encendieron cerillas y con su parca luz se adentraron por el pasillo y procedieron a inspeccionar las habitaciones allí existentes hasta que encontraron una cuya puerta estaba cerrada, preguntado al niño sobre quien tenía llave de aquella puerta, éste con asombrosa tranquilidad dijo que él no tenía y que era inútil abrirla pues allí solo había algunas alfombras y esteras.

     A orden del Inspector Sr. Inglés, los agentes intentaron derribar la puerta, y por una mirilla existente en el centro de la puerta salieron cinco fogonazos. Los agentes cogidos por sorpresa no pudieron hacer otra cosa que refugiarse para esperar acontecimientos, aun no tenían la certeza de ser una única persona la que estaba allí escondida, llegándose a pensar que pudiera tratarse de una banda que intentaba robar los opulentos depósitos de joyas y dinero del Monte de Piedad.

     Afortunadamente los agentes no fueron alcanzados, sufriendo leves contusiones mientras se retiraban. Tras unos momentos de confusión y creyendo que el agresor había acabado sus municiones el inspector Sr. Inglés volvió a acercarse a la puerta, y volvieron a salir nuevos proyectiles. Cuando los agentes iban a derribar la puerta el encerrado dijo con fuerte y clara voz: “no os acerquéis, porque seguiré tirando. Tengo una caja de proyectiles. La emplearé toda, y cuando solo quede un cartucho será para mí”. Los agentes se acercaron a la puerta, y nuevamente les recibieron disparos, sin que se explique como ninguno resultó herido en un estrecho pasillo.

     Tras un cuarto de hora de calma, el criminal llamo a los que le cercaban y les dijo “venid, que ya me entrego”, tomando las oportunas precauciones, los guardias Fernando Pereira y Bernardo Bascuñana, se acercaron y de nuevo el encerrado hizo dos disparos, que por fortuna tampoco causaron daño. Los guardias provistos de sus armas realizaron asimismo dos disparos por la mirilla, sin que se advirtiera que habían hecho blanco.

     Volvió a asomarse a la mirilla tiempo después Juan José Navarro y pidió que se acercase un guardia porque tenía que darle un encargo, así lo hizo el guardia Don Fernando Pereira al que el criminal le dijo, “toma estos dos duros y dáselos a mi compañero Bernardo para que mande que me digan dos misas, porque voy a suicidarme”, el guardia pensando que tras esa solicitud no había trampa alguna se acerco y vio como caían por la mirilla dos monedas de cinco pesetas, se acercó a recogerlas, y de nuevo el criminal realizo tres disparos que no causaron daño alguno, el guardia realizó otros tres disparos con su revolver a través de la mirilla; se tomaron precauciones para que nadie se acercara a la puerta, esperando ver como sería el desenlace de aquello.

     Tiempo después se oyeron dos disparos en el habitáculo donde estaba encerrado el criminal, por lo que se pensó que se había suicidado, pero apenas comenzó a tomarse en cuenta esta posibilidad se vio que dentro de la habitación se encendía una luz y que la mirilla se abría y cerraba; durante media hora se vio la luz, que luego fue apagada.

     La policía intento colocar delante al hijo del criminal, previo aviso al padre, para violentar la puerta, el hijo se negó; la amante dijo que ella convencería al criminal para que se entregase, pero se vio que era inútil y que lo único que podía pasar es que hubiese mas derramamiento de sangre, al final se decidió esperar.

     Se supo que el cuarto donde estaba encerrado el criminal era el destinado a guardar las armas y municiones de los vigilantes nocturnos del Monte de Piedad, por lo que tenía a su disposición armas y munición considerables.

     También un hermano, llamado Daniel, y un amigo, llamado Linares, del encerrado intentaron convencerle, sin éxito; algunos empleados del Monte se ofrecieron a bajar e intentar convencerle de que desistiese de su actitud, lo que no fue autorizado, se desplazo hasta allí el Director del Monte, así como los señores Millán Astray y Martínez Campos, también sin éxito.

     A eso de las cinco de la mañana, y ante la falta de contestación del encerrado se procedió a derribar con picos la puerta, donde con todas las precauciones posibles entraron el amigo del encerrado, Sr. Linares y agentes de policía, a la luz del farol se divisó, acurrucado junto a un depósito de agua, a un hombre, que era Juan José Navarro, a quien se supuso dormido pues estaba arrebujado en una manta y tenía la cabeza inclinada sobre el pecho. Un guardia se abalanzó sobre él y le sujeto, temiendo una agresión, pero la frialdad del cuerpo y la inmovilidad del mismo le convencieron que era un cadáver.

     Se había disparado un tiro en el corazón, con orificio de salida por la espalda, todavía conservaba el revolver en la mano, fue sacado al patio donde se esperó la llegada del juez de guardia.

     El agredido murió, se le hizo la autopsia y fue enterrado el 4 de Julio en la Sacramental de San Lorenzo.

Bibliografia:

- El Imparcial. Diario Liberal. Sábado 3 y Lunes 5 de Julio de 1909.

- El País. Diario Republicano. Lunes 5 de Julio de 1909.

- El liberal Lunes 5 de Julio de 1909.

 
Por Gonzalo de la Sen (miembro de nuestra asociación)

“Los gatos madrileños”

Todos o casi todos los madrileños sabemos que nos apodan “gatos” y muchos se preguntarán el porqué de ésta alusión al madrileño. Pues bien, a mí me lo contaron así: El relato de una azaña que mi abuelo me contó cuando era niña … y me encantó …

La aparición de Madrid (Magerit) data del siglo IX, cuando el Emir Muhammad I, hijo de Abderramán II levanta una fortaleza amurallada en el lugar que hoy ocupa el Palacio Real junto a la cuesta de la vega. Su función sería la de controlar todo el valle del manzanares y la de vigilar los pasos de la sierra del Guadarrama para proteger Toledo. Dentro de esta muralla había tres edificios principales: el alcázar, la casa del emir y la mezquita.

La muralla musulmana se construyó en una zona no elegida por casualidad, había una amplia vega cultivable y fácil acceso a reservas acuíferas. Contaba con torres cuadradas y tres puertas de acceso: Puerta de la Vega, puerta de la mezquita o Arco Santa María y la puerta de La Sagra.

Con los años, Madrid fue creciendo en torno a la muralla y ello provocó el interés de muchos por conquistarla. En 1085, las tropas del rey Alfonso VI llegan a Madrid, pero no conseguían sobrepasar la muralla. En plena lucha, según cuenta la tradición, uno de los soldados se separó del resto y comenzó a trepar por la muralla con una agilidad asombrosa, consiguiendo arrojar una cuerda para que pudieran trepar el resto de los soldados y cambiar la bandera mora por la enseña cristiana.

Tras ésta hazaña de agilidad y destreza, el soldado cambió tanto para él como para sus descencientes el apellido de gato. A partir de ese momento a todos los nacidos en Madrid se le llaman “gatos”

Webmaster. A la memoria de mi abuelo; un enamorado de la historia y de Madrid.

“Loeches y Nuevo Baztán”

El domingo 22 de julio de 2007 la Asociación viajó a Loeches y a Nuevo Baztán.

Fue un día maravilloso en el que nos acompañaron las hadas. El día fresquito y un poco nublado, muchas ganas de ver cosas nuevas y de pasarlo bien. Todo se cumplió.

Desde nuestro punto de encuentro “Cafetería Hontanares“, en la avenida de América, nos fuimos acoplando (nunca mejor escrito) en los coches.

El camino fue rápido, sin darnos cuenta estábamos en la Plaza de la Duquesa de Alba en el bonito pueblo de Loeches situado al sudeste de nuestro Madrid.

Contemplamos esta bonita plaza donde nuestras cámaras comenzaron a trabajar sin saber donde enfocar nuestro objetivo de tanto como teníamos a la vista.


Fuente en la plaza de la Duquesa de Alba


Entrada al colegio

El convento de las Carmelitas a la derecha, lo que fue el palacio del Conde Duque de Olivares al frente convertido hoy en colegio con el nombre del valido, y a nuestra izquierda el convento de las Dominicas. Una fuente en el centro del jardín que forman estos tres edificios y unas antiguas calles como única salida de esta plaza.


Convento e iglesia de las Carmelitas

Charo comenzó hablándonos de la portada barroca de las Descalzas del siglo XVII. Se fundó en el 1596, por doña Francisca de Cárdenas y Avellaneda hermana de quien vendió el señorío de Loeches al C. D. De Olivares. Entramos en la iglesia que es de este convento lo único que vimos, ya que son de clausura y la entrada está prohibida. Las monjas estaban cantando, y procuramos no hacer muchas fotos para no molestar, pero algunas hicimos…


Interior de la iglesia

Nos explicó también Charo que donde hoy se alza el colegio del Conde Duque estaba su palacio , debió de ser magnifico por las proporciones de la finca. Aquí se retiró el de Olivares al terminar su privanza. Nos contó que como las Descalzas no quisieron darle entrada libre al convento ni a el ni a su mujer, se quiso vengar de alguna manera de ellas haciendo el palacio al lado para “hacerles sombra “¡ y se la hizo ¡ además de mandar edificar el de las Dominicas recoletas, junto con su mujer doña Inés de Zúñiga y Velasco, con un lujo notorio.

La impresión que nos dio este convento de las Dominicas, es su gran parecido con nuestro convento de la Encarnación de Madrid. Este es el llamado “Convento grande “ y el de las Carmelitas el “ Convento chico “.


Convento e iglesia de las Dominicas


En la entrada a la iglesia

Es la joya de Loeches, y fue fundado por el valido de Felipe IV D. Gaspar de Guzmán en 1640, siendo terminada la obra por su sobrino el marqués de Carpio. Tiene a su parte izquierda unas gradas bien conservadas.


Interior

Una señora con la que se había concertado la visita al panteón nos esperaba. Pasamos al panteón donde pudimos ver distintos sarcófagos de mármol negro con incrustaciones doradas donde están algunos miembros de la Casa de Alba. Llama la atención el mausoleo blanco de Francisca de Sales y Portocarrero, hermana de Eugenia de Montijo, que también se encuentra allí. Francisca era duquesa de Alba consorte por su matrimonio con el XV duque de Alba. Es el XII duque de la Casa de Alba el fundador de este panteón que imita al de los Reyes del Escorial.

 


Panteón

Por último, está en la parte central del lado izquierdo el de los Condes Duques de Olivares, traídos aquí desde su primitivo emplazamiento que fue la cripta de este convento que hoy existe.

Muchos detalles y datos de interés no pueden ser contados, es mejor verlo os lo aseguro.

Loeches fue también famosa durante mucho tiempo por sus aguas medicinales sulfato-cálcicas, con gran poder purgante según nos contaba el camarero del bar donde entramos a refrescarnos con unas “ cañitas “ de rigor. Me contaba que era muy parecida al agua de la cercana Caravaña, pero que con el tiempo se perdió.

Fuimos a la Iglesia de la Asunción también del siglo XVI. Esta iglesia me pareció muy peculiar. Nada más entrar daba la sensación de estar en una iglesia medieval, por su pórticos en los laterales, su piedra, sus travesaños, toda la decoración daba esa impresión.


Iglesia de la Asunción

En una de las capillas del lado izquierdo había una Virgen de la Flor de Lis, una “Pilarica “ adornaba el lado contrario. Y por supuesto no podía faltar un San Isidro.


San Isidro 

Estas horas en Loeches nos reconfortaron la mañana. Los monumentos, y vuestra compañía fueron algo delicioso, aunque aquí no terminó la jornada… nuevamente a los coches para dirigirnos a Nuevo Baztán, lugar que me pareció parado en el tiempo…

Texto por Conchy Navarrete, miembro de nuestra asociación.

… Un rato después llegamos a nuestro segundo punto de destino, Nuevo Baztán, conjunto histórico artístico, construido por José Benito de Churriguera a comienzos del siglo XVIII, por encargo de Juan de Goyeneche, iniciativa privada que crearía, además de la iglesia-palacio, fábricas de vidrio, telas, jabón, zapatos, etc. Bien de Interés Cultural desde 1999, ya en 1941 había sido declarado monumento histórico.

Se trata de un pueblo encantador, hasta los nombres de las calles son sugerentes, la calle de los Jardines, la calle del Encuentro, la plaza del Secreto…

Lo primero que vemos son las antiguas casas de los empleados de la fábricas, de piedra y arquitectura sencilla, el gran patio, un cartel de la Comunidad de Madrid anuncia la próxima restauración y reconstrucción de las carpinterías exteriores del Palacio de Nuevo Baztán.

Y por fin llegamos a la plaza del Palacio, así se llama, frente a la fachada impresionante del edificio, el palacio y la iglesia, barroco espectacular, pasamos un buen rato observando los detalles, desde ese cuidado jardín, de altos árboles y por supuesto la fuente, también de Churriguera, la pena es que no tiene agua, es lo único que desentona. Sí da agua fresquita una pequeña fuentecilla de hierro, como esas que abundan por los jardines madrileños.

Entramos en la Iglesia de San Francisco Javier, con un magnífico Cristo de marfil, del siglo XVIII, protegido por un cristal. Nos muestran la sacristía, casi un pequeño museo, con acceso a las cuevas de ladrillo que nos permiten visitar y que albergan una preciosa colección de cerámicas, vasijas, botijos, jarras, cántaros… de todos los colores y tamaños.


Interior de la iglesia 


Sacristía


Pilar de la Sacristía


Bajada a la cueva



Interior de la cueva

Junto al palacio, en 2003, inauguraron el Museo, o “Centro de interpretación Nuevo Baztán”, instalado en una antigua bodega del palacio. Como no estaba previsto en la visita, y se acerca la hora de la comida, solo algunos de nosotros entramos a echar un vistazo rápido. En la entrada nos recibe una estatua del señor Goyeneche, “empresario y financiero de ideas renovadoras para su época”, como dice el folleto.


Entrada al Museo



calle del pueblo

Recorremos un rato las calles de trazado regular del pueblo proyectado por Goyeneche, para volver a la plaza del Palacio en cuyo mesón nos reciben con unos estupendos aperitivos, chuletas de cordero, tartas o arroz con leche casero, y un trato muy amable. Bajamos a tomar café al jardín frente al palacio, donde respiramos el ambiente tranquilo de este pueblo singular antes de a media tarde emprender el viaje de regreso a Madrid.

Texto por Mercedes Gómez, miembro de la Asociación. Todas las fotografías que aparecen también son suyas.

 

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