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Como todas las grandes ciudades, y sobre todo las capitales, Madrid ha sufrido varias actuaciones urbanísticas a lo largo de los años, que han ido cambiando su fisonomía. En muchas ocasiones, dichas reformas han incrementado notablemente la belleza y monumentalidad de las calles de la ciudad transformando la antigua villa en una ciudad moderna, digna de la época histórica correspondiente. Entre dichas reformas pueden recordarse la construcción del Salón del Prado o la apertura de la Gran Vía, hechos que marcaron la historia madrileña en sus respectivas épocas. Muchos han sido, por lo tanto, los artífices de estos cambios. Pero entre ellos sobresale un arquitecto que ayudó con sus imponentes construcciones a que Madrid comenzase a convertirse en la ciudad moderna y cosmopolita que es hoy día: Antonio Palacios. |
Orígenes y formación
Antonio Palacios Ramilo nace en la localidad pontevedresa de O Porriño el 8 de enero de 1874, hijo de un obrero madrileño. Su infancia y adolescencia transcurren entre su pueblo, muy cerca de las famosas canteras de granito gallegas, y Pontevedra, donde cursa sus estudios de Bachillerato. Influenciado por dos de sus hermanos, uno ingeniero y el otro topógrafo, el joven Antonio decide trasladarse a Madrid para cursar la carrera de Ingeniería.
Palacios llega a Madrid en 1892 y se instala en un piso de la céntrica calle de Maldonadas. Al poco tiempo de su llegada abandona repentinamente su primera idea y decide matricularse en la Escuela de Arquitectura, donde tuvo entre sus profesores a los prestigiosos Federico Aparici (1832-1917), Arturo Mélida (1849-1909) o Ricardo Velázquez Bosco (1843-1923), con quien firmaría sus primeros proyectos profesionales. También asistió a las clases ofrecidas por el premiado pintor Eduardo Rosales, donde destacó por su extraordinario talento para el dibujo y la improvisación.
Palacios recibe una formación acorde al estilo clasicista imperante en la época, influenciado por la estética del II Imperio francés, al que se unieron elementos tradicionales españoles, en una clara mirada al pasado. También recibió una gran influencia de los escritos del arquitecto y teórico del Arte francés Voillet-le-Duc acerca del empleo correcto de los distinto materiales, algo que demostró dominar durante toda su carrera. También ejerció una notable influencia en Palacios el ambiente bohemio del Madrid de la época, así como las tertulias de los cafés, muy habituales en aquellos años.
Tras licenciarse con grandes méritos en 1900, Palacios decide asociarse con su amigo y compañero de estudios Joaquín Otamendi Machimbarrena (1874-1960), montando un pequeño estudio en el pequeño piso de Maldonadas. Desde allí se presentan a varios concursos obteniendo el primer premio por el Puente Monumental de Bilbao y una medalla de plata por otro puente, esta vez sobre el río Urumea, en San Sebastián.
A medida que pasaban los años, el prestigio y la fama de Palacios va aumentando, llegando a obtener la plaza de profesor de Dibujo en la Escuela Superior de Artes e Industrias y, años mas tarde, el de Profesor de Detalles en la propia Escuela de Arquitectura. Posteriormente llegó ocupó cargos de la importancia de Presidente de la Sección de Arquitectura del Círculo de Bellas Artes, Arquitecto Jefe del Ministerio de Fomento, o Vocal de la Junta de Urbanización del Ministerio de Gobernación. En 1922 ingresó en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
Palacios vino a significar un nexo de unión entre la arquitectura historicista y ecléctica del siglo XIX, las tendencias modernistas del siglo XX y el funcionalismo norteamericano, creando un estilo en el que se daban a la vez todos estos estilos de una manera tan sutil que ninguno de ellos parece dominar sobre los demás.
La calle de Alcalá
El inicio de la calle de Alcalá bien podría llevar el nombre de Antonio Palacios. Sólo entre la Puerta del Sol y la plaza de la Independencia, pueden admirarse cinco edificios surgidos del talento y la imaginación del arquitecto gallego. Y podrían haber sido seis si el tándem formado por Palacios y Otamendi ganan el concurso convocado en 1903 para construir la sede del Casino de Madrid. Sin embargo, se prefirió el diseño presentado por la familia Farge con la condición de que estos tuvieran en cuenta lo más interesante del resto de los proyectos presentados. Por lo tanto, cabe preguntarse: ¿Habrá algún diseño de Palacios en el hermosísimo edificio del Casino de Madrid?.
Ese mismo año, el Ministerio de Fomento anuncia la convocatoria de un concurso con el fin de construir una nueva sede de Correos. Para ello, se ofrece un vasto terreno en la calle de Alcalá, sobre parte de los terrenos del Buen Retiro, hecho que conllevó cierta polémica en su día. Palacios y Otamendi deciden presentarse y, junto al ingeniero Ángel Chueca Sainz, diseñan un monumental y colosal edificio con el que obtienen el primer premio y su definitiva consagración profesional. La construcción del Palacio de Comunicaciones se prolongó desde 1904 a 1917, en parte por las descomunales medidas del edificio (12.207 metros cuadrados).
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Palacio de Correos o, como la bautizaron los madrileños, “Catedral de Nuestra Sra. de la Comunicaciones”. |
Estructuralmente, el edificio de Correos presenta las características fundamentales del estilo que Palacios imprimiría en sus edificios madrileños: un patio central en torno al cual se estructura todo el edificio, torres rematando las esquinas y, sobre todo, una inmensa monumentalidad. La distribución interna del Palacio de Correos quedó repartida de manera que en la planta baja quedasen los servicios de correos, telégrafos y telefonía a los que el público necesitaba tener acceso, el cual quedaba proporcionado por el citado patio y las numerosas puertas secundarias que rodean al edificio. En las plantas superiores quedaron instaladas las oficinas, la cartería y una sala de telégrafos conectada con una antena que alcanzaba los 70 metros de altura, a través de la altísima torre central del edificio. En líneas generales, el edificio de Correos tiene un marcado estilo colosalista norteamericano, en el que no faltan influencias clasicistas francesas e historicistas españolas, sobre todo en su parte ornamental.
Palacios también mostró una clara influencia de la arquitectura vienesa y, especialmente de Otto Wagner, arquitecto austriaco a quien Palacios admiraba profundamente. Destaca aquí un elemento muy común en las primeras obras de Palacios: la presencia de blasones ornamentales, sin nada rellenando sus campos.
El coste total del edificio, al que los madrileños pronto bautizaron como “Catedral de Nuestra Señora de las Comunicaciones”‘, ascendió a 10.311.860 pesetas de la época.
El Palacio de Correos ha sido adquirido recientemente por el Ayuntamiento de Madrid con el propósito de instalar en él las dependencias municipales, para lo cual ha sido anunciada una reforma del edificio.
A la vez que trabajaba en el edificio de Correos, Antonio Palacios recibe el encargo de construir la Casa Palazuelo. No tuvo que irse demasiado lejos, ya que el inmueble debía levantarse en un solar cercano, en la esquina de las calle de Alcalá y Alfonso XI, nuevamente sobre lo que fueron parte de los jardines del Buen Retiro. Aquí mantuvo una línea parecida a la de su anterior obra, pero lejos de la monumentalidad y magnitud que aquella mostraba. De nuevo aparecen algunos motivos recurrentes, como el patio central, los blasones ciegos ornamentales y una torre en la esquina de ambas calles, rematada con un cuerpo de pizarra coronado por las características agujas del estilo del arquitecto en sus primeros años de profesión. La Casa Palazuelo se construyó entre 1908 y 1911.
No terminaría el año 1908 sin que Palacios recibiera otro encargo: el Hospital de Jornaleros de Maudes, promovido por Dª Dolores Romero para que los obreros pudieran acceder a servicios médicos y a una hospitalización de forma gratuita. El lugar elegido para la construcción del mismo, cerca de Cuatro Caminos, zona eminentemente obrera y una de las mas deprimidas y suburbiales del Madrid de entonces, da una idea de las intenciones benéficas del proyecto. Palacios respondió con otra obra maestra, estéticamente cercano al edificio de Correos, sobre todo en vistas desde lejos. El Hospital de Jornaleros, nuevamente, se articula en torno a un patio central de forma octogonal alrededor del cual se encuentra un amplio deambulatorio del que parten los cuatro cuerpos radiales en los que se situaron las habitaciones. A los extremos se situaron el cuerpo administrativo y la impresionante capilla, en la que destaca la bellísima bóveda con que palacios adorna el crucero. Desde el aire, la construcción se asemeja a una estrella de ocho puntas, una disposición realmente imaginativa. Las obras terminaron en 1913, abriéndose ese mismo año.
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Antiguo Hospital de jornaleros. |
El Hospital de Maudes fue incautado por el ejército republicano durante la II Guerra Civil, transformándose posteriormente en hospital de la I Región Militar. Clausurado en 1970, quedó abandonado hasta que la Comunidad Autónoma de Madrid lo adquirió en subasta pública en 1984. Restaurado y rehabilitado, actualmente alberga dependencias de la Consejería de Obras Públicas, Urbanismo y Transporte de la Comunidad, además de una biblioteca. La capilla permanece abierta al culto bajo la advocación de San Francisco de Paula, a cuyo nombre se consagró originariamente el hospital.
En 1910 comienza un nuevo proyecto en “su” calle de Alcalá: El edificio del Banco Español del Río de la Plata, sucursal de una importante entidad financiera argentina. La institución adquirió el solar donde se levantó hasta hacía poco tiempo el antiguo palacio del Marqués de Casa Irujo, en la esquina de las calles de Alcalá y del Barquillo, en el ‘corazón’ financiero del Madrid de entonces, y muy cerca de la recién abierta Gran Vía. Pronto llegarían ciertos problemas para Palacios y Otamendi, ya que el proyecto presentado por los dos arquitectos superaba en 7 metros el máximo permitido por el Ayuntamiento en aquellos años, establecido en 18 metros. Sin embargo, la magnificencia y monumentalidad que prometía el proyecto convenció a las autoridades, quienes hicieron la vista gorda y concedieron la licencia de obras.
Exteriormente se produce un cierto cambio de estilo. El edificio, de estilo neohelenístico, se compone de dos grandes ventanales ‘protegidos’ por seis enormes columnas corintias. La puerta principal, en el chaflán entre ambas calles, está franqueada por dos monumentales cariátides, que reflejan la mezcla de monumentalidad y clasicismo que ambos arquitectos quisieron dar al edificio. Encima de todo, en lugar de la característica torre, Palacios y Otamendi idearon un cuerpo con columnas, algo mas estrecho que el resto del edificio, a modo de templo aéreo.
Tras la fusión del Banco del Río de la Plata con el Banco Central, en 1947, se encargó a Manuel Cabanyes la ampliación del edificio hacia la calle del Barquillo. Desde entonces, el inmueble es conocido por el nombre de este último banco.
En es estas fechas cuando las carreras de Palacios y Otamendi se separan, continuando entre ellos una gran amistad.
En 1919 construye otra de sus obras más emblemáticas: el edificio del Círculo de Bellas Artes. La necesidad de construir una nueva sede social llevó al Círculo a adquirir el solar que ocupaban los jardines del palacio del Marqués de Casa Riera y a convocar seguidamente un concurso público. Ninguno de los proyectos presentados se ajustó a las condiciones puestas por la institución, incluido el presentado por Palacios, finalmente elegido. Al parecer, la compra del solar fue promovida por el propio arquitecto, miembro de la sección de arquitectura de dicha entidad Palacios volvió a tener un encontronazo con las ordenanzas municipales a causa de la elevada altura del edificio. Esto provocó un retraso en la concesión de la licencia de obras, pese a la declaración de utilidad pública con que se presentó el proyecto. Posteriormente, graves problemas financieros por parte del Círculo retrasaron aún mas el inicio de las obras, que por fin pudieron llevarse a cabo en 1921.
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Palacios proyectó un edificio polifuncional, una de las necesidades del Círculo, en cuyo exterior destacan dos cuerpos superpuestos de aires clasicistas y una elevada torre de inequívoco estilo norteamericano. El interior del edificio se distribuye en diversas plantas. En la planta baja se dispusieron los vestíbulos, salas de exposiciones y conferencias, así como algunos miradores. En el entresuelo se adaptaron zonas de recreo y salones para el esparcimiento de los socios. La planta principal albergó un cine-teatro, así como diversas salas de reuniones y de conferencias. En los dos áticos se instalaron las oficinas del Círculo y una biblioteca. La decoración exterior del edificio, más austera de lo que Palacios hubiese querido, se limita a varias esculturas, destacando la monumental representación de Palas Atenea que corona el exterior del edificio. Asimismo, destaca una columna decorativa en la esquina de las calles de Alcalá y del Marqués de Casa Riera. |
El edificio ha sido reformado en 1995.
El último edificio construido por Palacios existente en la calle de Alcalá forma parte de la última etapa de la obra del arquitecto: el Banco Mercantil e Industrial, iniciado en el año 1933. Se trata de un inmueble con una fachada de pequeñas proporciones, ya que se encuentra encajonado entre dos pequeños bloques de viviendas.
De aspecto exterior sencillo, destaca una enorme arcada de medio punto, a modo de arco de triunfo, franqueado por dos series de pilastras. Dentro del arco destaca un amplio mirador de hierro y cristal. Dicho exterior ha sufrido algunas reformas que han desvirtuado su aspecto original, entre ellas la sustitución de su acceso original por una sólida puerta metálica en la que figuran emblemas municipales y autonómicos madrileños. El edificio tiene otra fachada en la calle del Caballero de Gracia, más sencilla, formada por dos cuerpos convexos y simétricos, entre los cuales existe un acceso inspirado en el cercano Oratorio del mismo nombre.
El estallido de la Guerra Civil provocó un parón en las obras de este edificio, pudiendo terminarse en 1945, año de la muerte del arquitecto.
Este edificio alberga actualmente a la Secretaría General Técnica de la Consejería de Educación de la Comunidad Autónoma de Madrid, así como algunas direcciones generales.
Otros edificios.
Entre tanta magnificencia, Palacios realiza otro tipo de encargos mas modestos, como la construcción de un edificio de viviendas en la calle del Marqués de Villamejor, de estilo claramente ecléctico no exento de ciertos detalles puramente modernistas, como el original y atrevido diseño del forjado de los balcones. Este edificio se construyó entre 1906 y 1907. En los edificios de viviendas, Palacios se mostró mas integrado con el estilo característico de este tipo de edificaciones en aquellos años, con amplios miradores, balconadas de hierro forjado y torres rematando las esquinas. No sería el único edifico de viviendas construido por Antonio Palacios en Madrid.
En 1908 proyecta el edificio que albergó los talleres y laboratorios del Instituto Católico de Artes e Industrias (ICAI), junto a las escuelas que este organismo tenían en el antiguo paseo de Areneros, la actual calle de Alberto Aguilera. Perteneciente a los jesuitas, el edificio fue incendiado el 11 de mayo de 1931. Actualmente se aprecia algo del trabajo de Palacios, aunque el grueso de la construcción es un edificio moderno sin relación alguna con el resto.
Junto al edificio de viviendas comentado anteriormente, en la calle del Marqués de Villamejor, Palacios construyó mas tarde, entre 1914 y 1916, el edificio Rodríguez Arzuaga. El inmueble se halla en la esquina de dicha calle con el Paseo de la Castellana , y presenta una fachada achaflanada en dicha esquina, con tres líneas de miradores y rematada por una torre cuadrangular con el estilo característico de Palacios. En sus otras fachadas destaca la alternancia de líneas de miradores y de balcones.
En 1919 intervino en la construcción de un edificio comercial en la calle Mayor, para la que ideo un cuerpo central lleno de miradores separados por cuatro gigantescas columnas dobles. Nuevamente, Palacios remata las esquinas del edificio con sendas torres cuadradas. Este edificio también tiene fachada en la calle del Arenal, en la cual se repiten las mismas líneas arquitectónicas.
Aparte de estos ejemplos de edificios de viviendas, Palacios fue llamado por el conde Bugallal para la construcción de un edificio en la plaza de Neptuno. El resultado es un edificio austero, con fachada de ladrillo visto surcado por ocho pilastras jónicas. La puerta se halla en la esquina del edificio, siendo de estilo neobarroco. El edificio está rematado por una torre que recuerda con mas precisión el estilo de Palacios, pero sin ostentar ninguna ornamentación especial. El edificio fue adquirido por la compañía la Sud Americana y sufrió una reforma con el fin de instalar en él sus oficinas. Recientemente ha sido restaurado y en su interior se ha instalado el Hotel Canarias.
En 1924 se encargó de la construcción de un nuevo edificio de viviendas, en la calle de Viriato.
Palacios y la Gran vía.
Era inevitable que el estilo monumental de Palacios no se pusiera al servicio del estandarte de la modernidad del Madrid de principios del siglo XX: la Gran Vía. Lamentablemente, Palacios sólo trabajó en dos proyectos para esta calle: La Casa Matesanz y la reforma del Hotel Avenida.
La Casa Matesanz no era otra cosa que un edificio destinado a sede comercial de dicha firma. Construida entre 1919 y 1923, Palacios la dotó de amplios miradores de hierro y cristal separados por columnas rematadas por arcos de medio punto. Nuevamente las esquinas del edificio van coronadas con sus respectivas torres. Estilísticamente se encuentra cercana a la escuela de Chicago. Como es habitual en la obra madrileña del arquitecto, la Casa Matesanz se articula en torno a un patio central de hierro y cristal. La disposición interior del edificio ha sido modificada en una reciente reforma.
La segunda intervención del arquitecto en la Gran Vía fue entre 1925 y 1929, cuando Palacios reformó un edificio de viviendas, levantado cuatro años antes, adaptándolo para su funcionamiento como hotel. El arquitecto cambió la orientación de las habitaciones y dispuso nuevamente el interior alrededor de un gran patio central. También actuó sobre la fachada, dándole el aspecto habitual de su obra en aquellos años: grandes miradores de hierro y cristal rodeados de pilastras monumentales y torres rematando las esquinas. Tras la reforma, en 1929 se inauguró en su interior el Hotel Alfonso XIII, cambiando su nombre posteriormente por el de Hotel Avenida, denominación por el que es ampliamente conocido. Actualmente ostenta el nombre de Tryp Cibeles.
En la Gran Vía volverían a cruzarse las carreras de Palacios y de Joaquín Otamendi, ya que este último daría, varios años después, nuevas muestras de su inmenso talento en diversas construcciones del último tramo de la calle, ya llegando a la plaza de España.
La primitiva imagen del Metro.
Uno de los trabajos mas desconocidos de Antonio Palacios es su participación en la construcción del Metro de Madrid.
La Compañía Metropolitana Madrileña quiso dar una imagen de modernidad y prestigio, para lo cual contrató a Palacios como arquitecto, recibiendo el encargo de diseñar los accesos, vestíbulos y andenes del mismo, así como diversos bloques para oficinas y talleres.
Para ello tuvo en cuenta las posibilidades de los lugares en los que se situaban las estaciones, ideando accesos con barandillas de hierro en las zonas obreras y con balaustradas de piedra en zonas mas adineradas.
Entre los accesos creados por Palacios merecen citarse las marquesinas situadas en la Puerta del Sol y en la Red de San Luis, hoy desaparecidas, con un cuerpo de granito y una estructura de hierro forjado y cristal. En el interior de las mismas, desplegó una gran imaginación recubriendo con azulejos las paredes, muchos de ellos formando anuncios publicitarios.
La C.M.M. también encargó a Palacios la construcción de diversos talleres y oficinas en las calles de Sánchez Barcaiztegui, cerca de Pacífico, y de Olid, no lejos de las estaciones de San Bernardo e Iglesia.
Palacios mantuvo el cargo de arquitecto del Metro hasta su muerte, por lo que puede afirmarse que todos los diseños de las estaciones construidas hasta 1945 son obra suya.
Desgraciadamente, las continuas modernizaciones a que se ha visto sometida la red de Metro han hecho desaparecer casi todo el trabajo de Palacios. Tan sólo se conservan algunos detalles en las estaciones de Tirso de Molina, Lavapiés, Retiro y Cuatro Caminos. También se sabe de un vestíbulo conservado en la estación de Pacífico, hoy cerrado al público, y de un anuncio de su época aparecido en la estación de Bilbao, afortunadamente conservado y a la vista del público. También se conserva el acceso de Red de San Luis, salvado de la demolición gracias a una campaña orquestada por Carlos de Miguel, director de la revista Arquitectura y el Colegio de Arquitectos de Madrid, que fue desmontado y trasladado a la localidad natal de Palacios. Por desgracia, la parte de hierro y metal se perdió durante las obras, por lo que hoy tan sólo se conserva el ‘esqueleto’ de granito.
También se conservan muchas de las bocas de acceso al Metro, abiertas en vida del arquitecto.
Otras obras y proyectos
Otra de las facetas de Palacios fue la de urbanista, para la que diseñó ambiciosos y monumentales proyectos de reformas que nunca llegaron a realizarse. Para Madrid diseñó en 1919 un proyecto de reforma de la Puerta del Sol aprovechando las obras de construcción del Metro. Además, creó un Plan de Reforma Interior (1937) y un Proyecto de Gran Vía Aérea sobre el río Manzanares (1938). El fracaso de todos estos proyectos se debió a la magnitud de los mismos, que los hacía inviables en un país inmerso en una cruenta guerra civil.
También en Madrid, aunque fuera de la ciudad, Palacios fue responsable de la construcción del Sanatorio de La Fuenfría, en Guadarrama.
Palacios murió en su modesta casa de El Plantío (Madrid) el 27 de octubre de 1945, a los 71 años de edad, mientras trabajaba en la construcción de la iglesia de la Vera Cruz en la localidad gallega de O Carballiño, siendo enterrado en el cementerio de San Lorenzo. Años mas tarde, y siguiendo su deseo, fue trasladado al Cementerio Municipal de O Porriño, donde descansa en una modesta tumba de granito de las cercanas canteras de Vila Fria, en la que un cantero local grabó a pico las palabras ANTONIO PALACIOS - ARQUITECTO. No debemos olvidar que Antonio Palacios, pese a la monumentalidad y genialidad de su obra, nunca dejó de ser una persona modesta y sencilla.
Texto por Mario Sánchez, miembro de nuestra Asociación.
NOVEDADES




9 Mayo 2008 at 4:15 pm
me ha encantado, muchas gracias!
21 Septiembre 2008 at 10:04 pm
un dos mellores arquitectos de Galiza…
15 Diciembre 2008 at 5:42 pm
Absolutamente impresionante, el mejor arquitecto de españa junto con gutierrez soto.
Se merece un buen monumento.
13 Febrero 2009 at 2:16 am
Que tiempo aquellos en los que se dejaba hacer al genio y al buen gusto: El Madrid de 2009 es incapaz de construir un nuevo ayuntamiento y sus autoridades solo saben saquear los moumentos del pasado. Hoy Antonio Palacios no tendría lugar, era arquitecto y urbanista, u humanista en un sentido profundo. La basura neoliberal que nos invade le despreciaría porque no podría comprarle.
18 Febrero 2009 at 6:15 pm
poner mas informacion sobre el tipo de arquitectura que se ha empleado en la Casa Matesanz.
18 Marzo 2009 at 9:11 pm
Genial como arquitecto modernista. Echo en falta una obra suya en la calle de Cedaceros 6, primitiva sede del Banco Español de Crédito y luego del Banco General del Comercio y la Industria. Hoy en rehabilitación para hotel. Pese a diversas reformas, se nota el estilo de Palacios. Gracias
23 Abril 2010 at 6:26 pm
Echo de menos alguna referencia al HOTEL FLORIDA, de la plaza de Callao de Madrid. es de la decada de 1920 y fue sustituido por el actual corte ingles en los años 60. Sabéis algo mas del proyecto?
4 Mayo 2010 at 2:09 pm
Hola me llamo Miguel y quería comentaros que en el Casino de Madrid se conservan los planos presentados por Palacios al concurso de 1903. Algunos de ellos se pueden ver publicados en el CAtálogo de la exposición que se realizó en el Círculo de Bellas Artes en 2002.
También comentar que el concurso del Casino se resolvió con la elección de seis arquitectos, de los que el arquitecto francés Fargé extrajo las mejores ideas y luego enviaba a Madrid, posteriormente eran retocados y modificados por José López Sallaberry (Arquitecto municipal de Madrid), que es el que más importancia tiene en la autoría final del edificio. Saludos y felicidades por el artículo
16 Mayo 2010 at 6:14 pm
Me llamó josé Luis, em primer lugar deciros que me ha encantado el artículo.
Os comunico que el ayuntamiento al que pertenezco, está intentando construir en teoría (la gran plaza de la Veracruz), que le da nombre el templo que D. Antonio Palacios hizo en mi pueblo Carballiño en la provincia de Ourense, van a desvirtuar totalmente la gran obra que D. Antonio hizo para disfrute de paisanos y visitantes. Visitar mi página web o la del ayuntamiento de Carballiño y protestar. Esto, es un antentado, como mínimo y nadie hace nada. No podemos dejar esto así.
Necesitamos la ayuda de todos para parar este muro-paredón.
Las obras quedan y los politiquillos se van unos y viene otros. Yo quiero a mi pueblo.
Gracias.
José Luis Alves Montesinos.