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Los aeródromos de Alcalá de Henares.

A muy poca distancia el uno del otro tenemos los dos grandes aeropuertos de Madrid: el civil de Barajas y el militar de Torrejón de Ardoz. El primero es anterior a la guerra civil, y el segundo nació en la década de 1940 para albergar un polígono de pruebas del INTA (Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial) siendo enormemente ampliado en la década siguiente para albergar una de las bases norteamericanas de la era Eisenhower.

Lo que ya no es tan conocido que en el corredor del Henares hubo otros dos aeródromos, ambos en Alcalá.

Cuando la Aviación dejó de ser, a principios del siglo XX, un mero asunto de física recreativa o de competición entre pilotos para pasar a constituir un medio de transporte de reconocido valor militar, se establecieron en Madrid y varias poblaciones de su provincia improvisados aeródromos donde poder adiestrarse en esta nueva tecnología. En Alcalá de Henares se inauguró en el otoño de 1913 el Aeródromo del Campo del Ángel, llamado así por la anterior presencia en la zona de una ermita dedicada al Santo Ángel de la Guardia.

Este Campo del Ángel tenía como misión fundamental la de servir de escuela de pilotos para las diversas fuerzas militares españolas, y se hallaba en una zona hoy totalmente urbanizada, junto a lo que entonces era carretera de Daganzo y ahora es la calle de Torrelaguna. No existía el concepto actual de “pista”, y los aviones simplemente se orientaban para despegar en la dirección donde los vientos les fueran más favorables. Las dimensiones aproximadas del aeródromo eran de 600 por 700 metros, más que de sobra para unos aeroplanos, los de esa época, que muchas veces con 300 metros de terreno ya podían levantarse del suelo.

Poco a poco lo que nació como una instalación provisional fue dando cabida a aviones más potentes, y tanto el Ejército de Tierra como la Armada fueron entrenando en ella a sus respectivos oficiales de aviación -no existía, como en la actualidad, un Ejército del Aire separado de ambas-. Los terrenos del Campo del Ángel se quedaron pronto pequeños y fueron abandonados en el año 1934. Se decidió la instalación de un aeródromo de nueva construcción en un lugar mucho más alejado del casco urbano alcalaíno, a medio camino del vecino pueblo de Meco.

Este nuevo aeródromo fue bautizado como “Barberán y Collar” en recuerdo de dos pilotos de la época desaparecidos misteriosamente sobre México durante un viaje de demostración de larga distancia, a bordo del avión “Cuatro Vientos”. El aeródromo participó activamente en la Guerra de 1936-39, sirviendo para que la aviación de la República defendiera el espacio aéreo madrileño durante los tres años de asedio.

Con la llegada al poder del general Franco se da el paso de crear el Ejército del Aire, como tercera fuerza armada española, independiente de las otras dos (que siguieron -y siguen- manteniendo algunos recursos aéreos, caso de las unidades embarcadas en portaaviones, que son de la Armada) Esta paso es muy similar al dado tras la Segunda Guerra Mundial por los Estados Unidos, donde la USAAF, o fuerza aérea del ejército, fue convertida en la actual USAF, o fuerza aérea a secas. El Ejército del Aire español necesitaba un nuevo centro de formación para sus pilotos, que se bautizó como AGA (Academia General del Aire) y en un primer momento se pensó ubicar la AGA en Alcalá de Henares, en el aeródromo de Barberán y Collar, construyéndose diversos edificios y una enorme estructura de hormigón para un hangar.

El proyecto fue abandonado, y la AGA trasladada a su actual ubicación de San Javier (Murcia) por lo que el nuevo uso principal que se buscó para la instalación aérea de Alcalá de Henares fue el de base de paracaidistas del Ejército del Aire.

Esta medida dio lugar a cierta rivalidad dentro de las fuerzas armadas, pues el Ejército de Tierra ya disponía de sus propias unidades de paracaidistas, que surgieron como escisiones de la Legión, de ahí que los paracaidistas de Tierra se denominaran a sí mismos como CLP (Caballeros Legionarios Paracaidistas). Hubo “paracas” de ambos ejércitos en Alcalá durante varios años.

Por entonces, el modesto aeródromo vecino de Torrejón de Ardoz ya había sido ampliado para dar lugar a la gran base aérea que es en la actualidad, hecho al cual se sumaba que la velocidad de los aviones se había elevado notablemente. Por tanto, y para evitar comprometer la seguridad de los pilotos, se consideró inviable mantener en apenas una quincena de kilómetros tres aeropuertos seguidos: el civil de Barajas y los dos de uso militar, tocándole desaparecer al más pequeño de ellos. La base aérea de Alcalá de Henares fue cerrada al tráfico aéreo en 1965, si bien mantuvo guarnición del Ejército del Aire hasta 1969, para usarla como almacén y dependencias auxiliares.

Los terrenos del Aeródromo fueron reutilizados para dar paso al campus de la Universidad de Alcalá de Henares, en el cual se reutilizaron y ampliaron algunos edificios de los que se habían previsto para albergar la Academia General del Aire.

BIBLIOGRAFÍA

Juan J. Rodrigo. La aviación en Alcalá y la conversión de su segundo aeródromo en Campus de la Universidad de Alcalá. UAH, 2006.

Texto por Juan Pedro Esteve, miembro de nuestra Asociación.

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