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Historia de la Iglesia del Buen Suceso

Historia de la Iglesia del Buen Suceso

en la Puerta del Sol de Madrid

“…se ha labrado un edificio grandioso, puesto en lo mejor de Madrid a la puerta que llaman del Sol…”

(Herrera y Maldonado, 1633)


Plano de Texeira 1656

La Iglesia y el Hospital del Buen Suceso estaban situados en la Puerta del Sol, entre las calles de Alcalá y la Carrera de San Jerónimo, y fueron demolidos en 1854. Pocos años después, en 1863 sobre parte de su solar se inauguró el Hotel París, uno de los más antiguos de Madrid hasta que el año pasado cerró sus puertas. Sobre el edificio aún resiste el famoso anuncio luminoso de Tío Pepe, convertido en algo más que un mero reclamo publicitario.


2006

El origen del Buen Suceso se remonta al siglo XV cuando, aún en tiempos de Juan II, se fundó la Ermita de San Andrés y un hospitalillo, con el fin de atender a los numerosos enfermos de la “cruel y rigurosa peste” que entró en Madrid en 1438, tal como nos cuenta León Pinelo en sus Anales.

Algunos años después los Reyes Católicos fundaron el Hospital de Corte para atender a los soldados o personal de la Corte, aunque en esos principios fue itinerante, y las tiendas que lo componían se instalaban allí donde la batalla o la situación lo requería. También León Pinelo nos da noticia en 1484 de cómo los RRCC “considerando las incomodidades que pasarían los soldados que enfermaban en su Corte y criados inferiores de su casa y los pretendientes que la seguían fundaron por este año un hospital que de ordinario caminase con la Corte, señalando ministros que asistiesen a los enfermos, médicos, barberos, cirujanos y otros sirvientes...”

El mismo Pinelo nos cuenta que “el Emperador D. Carlos viendo la incomodidad con que curaban los enfermos de su Corte resucitó en ella el Hospital movible que siempre la acompañase que como dijimos año de 1484 fundaron los RRCC. Y para que fuese más permanente sacó Bula de Clemente VII … Trayendo pues el Emperador su Corte a esta villa puso este Hospital en el que había antes de que tratamos año de 1438, dándole título de Hospital Real de Corte.”

En un principio se trataba de un conjunto de construcciones variopintas, formado por la antigua ermita y el humilladero de San Andrés, algunas viviendas y corrales, todo ello organizado alrededor de un patio. La construcción de la casa nueva del hospital finalizó en 1561, ya en tiempos de Felipe II.

La Iglesia de Nuestra Señora del Buen Suceso formaba parte del conjunto del Hospital, cuyas instalaciones eran sin duda muy modestas, por lo que continuamente resultaban necesarias obras de acondicionamiento, hasta que por fin en 1590 los claros síntomas de ruina provocaron la decisión de Felipe II y se solicitó a la Junta del Patronato la reedificación de la nueva iglesia y enfermería.

Casi con seguridad, las trazas de la nueva construcción se realizaron en el estudio del Arquitecto Mayor de las Obras Reales, por entonces Juan de Herrera (1530-1597), y lógicamente los primeros diseños debieron ser suyos, pero sus problemas de salud fueron la causa de que Francisco de Mora (1553-1610) fuera participando cada vez más activamente en las obras reales. Gracias a la documentación de la Junta del Patronato Real ya nadie duda de la importante participación de Francisco de Mora en las obras del primitivo templo y de que la construcción de la Iglesia fue sobre todo responsabilidad suya y de su más directo colaborador y aparejador Diego Sillero, enmarcándola dentro de la arquitectura clasicista del primer y maravilloso barroco madrileño.

Uno de los objetivos de este breve escrito es valorar en su justa medida la importancia que tuvo la construcción de esta iglesia y la participación de Francisco de Mora, construcción quizá menospreciada, demolida hace tiempo y con escasas representaciones o descripciones, poco conocida por tanto.

Se conservan muy pocos documentos que proporcionen información acerca de este edificio, apenas los planos realizados antes de su demolición, y la descripción de Herrera y Maldonado en 1633[1]. Tampoco existen muchas representaciones de la iglesia, algunas pinturas y algún grabado de los siglos XVIII y XIX que reproducen ante todo su aspecto después de las reformas que transformaron la imagen del templo, aunque se mantuvo la “sobria y elegante portada que permaneció … como el más antiguo testigo de la azarosa biografía del edificio y como discreto referente de los diseños clasicistas de su autor, Francisco de Mora“.

Parece dominar la idea de que su valor artístico o arquitectónico eran escasos, pero el edificio del Buen Suceso, como nos recuerda Miguel A. Castillo, tuvo que incidir necesariamente de forma positiva en la implantación de este estilo clasicista a que nos referimos y en la positiva calificación del terreno en el que se encontraba ubicada. Su sobria y monumental fachada, su planta e interior centralizados “de acuerdo a una organización espacial francamente novedosa” merecen nuestra atención.

Aunque es cierto, y probablemente este hecho haya influido en esta falta de valoración, que excepto la cimentación de piedra, la construcción era muy modesta, prácticamente en su totalidad de ladrillo revocado, debido por otra parte y entre otras cosas a la mala situación económica que se vivía en Madrid. La sociedad madrileña atravesó momentos difíciles durante la última década del siglo XVI, lo cual unido al traslado de la Corte a Valladolid el año 1601, provocó que las obras de la iglesia se interrumpieran. Mientras tanto, el culto tuvo lugar en algún lugar del hospital. Por fin, en 1606, al volver la Corte a Madrid se reinició la construcción.

Como ya hemos comentado, en la nueva iglesia la obra de cantería realizada por Agustín de Argüelles se limitaba a los cimientos, pilares y arcos que sustentaban la cúpula. El resto de la construcción, muy humilde, era toda de ladrillo.

A pesar del tiempo trascurrido durante la interrupción de las obras, con su reanudación las modificaciones no afectaron a la disposición y planta original ya que ya se había construido hasta las cornisas de arranque de las bóvedas y los diseños seguían bajo el control del maestro mayor de las obras reales, por entonces ya Francisco de Mora, aunque Diego Sillero había muerto y ahora el aparejador era Francisco de Bara.

En septiembre de 1611, ya en tiempos de Felipe III, se dieron por finalizadas las obras de la iglesia.

Pero los eternos problemas del Buen Suceso continuaron y hacia 1693 eran verdaderamente preocupantes. Se realizaron algunas reparaciones de urgencia, pero en 1695 se observó que uno de los lienzos de la iglesia estaba amenazando ruina .

Ante la grave situación advertida se plantearon dos posibilidades: o mantener la planta del edificio antiguo, aunque las crecientes necesidades de culto empezaban a pedir más espacio, o ampliarla a costa de la lonja añadiendo así un tramo a los pies de la nave principal y las correspondientes capillas laterales, aunque esto obligaría a levantar una nueva fachada y modificar la cúpula.

Los miembros del Patronato adoptaron esta última propuesta, de José del Olmo, en esos momentos Maestro Mayor de las Obras Reales, y en el mes de octubre comenzaron los derribos de la zona más deteriorada, a cargo de Francisco de Bara, maestro de obras del Hospital, que debía ser hijo o familiar del anterior Francisco de Bara que había trabajado con Francisco de Mora hacía años. Y comenzó la reedificación del templo.

La forma y disposición del viejo edificio construido por Francisco de Mora lógicamente condicionó las soluciones adoptadas. Las obras significaron en parte una verdadera reedificación del edificio, pero aunque modificaron sustancialmente la disposición del templo original, por otra parte consistieron en una reconstrucción acorde con el modelo clasicista de Francisco de Mora.

Así pues, se construyó una nueva fachada, aunque a la entrada, bajo un arco de medio punto entre dinteles, sobrevivió la antigua portada dórica con los escudos reales, testigo feliz de los orígenes de la construcción en tiempos del anterior arquitecto.


Iglesia del Buen Suceso hacia 1830 [2]

Parte de su singularidad estaba en el hecho de que la planta se tuvo que adaptar a la forma trapezoidal de la parcela, y en su zona más estrecha.

A mediados de 1697, terminada la fachada, ya únicamente faltaba cubrir la iglesia y terminar la cúpula, y a principios del año siguiente se acordaron los detalles para la finalización de la obra.

La iglesia se dio por terminada en febrero de 1700.

Pero no acabaron aquí las desventuras de esta iglesia objeto de gran devoción popular, poco más de un siglo vivió en paz el Buen Suceso. Los graves acontecimientos del 2 de mayo de 1808 dañaron el edificio, tanto en la fachada como en su interior, y en 1839 se volvió a reformar, en este caso según proyecto atribuido a Narciso Pascual y Colomer.

Pero ya a estas alturas de su azarosa historia a la Iglesia del Buen Suceso le quedaban poco años de vida. La demolición comenzó el día 24 de febrero de 1854.


Calotipo de E.K. Tenison, incluido en “Recuerdos de España” (1854)

El pasado siete de junio de 2006, durante las obras para la construcción de la macro estación de trenes de Cercanías de Renfe en la Puerta del Sol, aparecieron restos de los cimientos de la iglesia, los antiguos cimientos de cantería del siglo XVI, junto al lugar donde está previsto instalar la futura boca de entrada a la estación. Se estaban llevando a cabo las prospecciones arqueológicas obligadas a petición de la Dirección General del Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid.

Fotos del Ministerio de Fomento, 2006

En un principio se pensó desmontar los restos para luego ser expuestos en otro lugar.[3] Aunque posteriormente se ha hablado de la posibilidad de volver a montarlos en su lugar original, la Puerta del Sol, y cubrirlos con una superficie transparente. Según Patrimonio, los restos de la cimentación hallados corresponden a la fachada de la iglesia y los laterales. [4]

En la nota de prensa que publicó la página web del ministerio leemos que “las obras que el Ministerio de Fomento está llevando a cabo en la Puerta del Sol para construir una estación de Cercanías han sacado a la luz los restos de la cimentación de un antiguo edificio que los técnicos estiman podría tratarse de la cara exterior de la antigua iglesia y hospital del Buen Suceso, existente en este emplazamiento hasta mediados del siglo XIX.”

Aunque se creía que todo había desaparecido tras el derribo y la posterior ampliación de la plaza en el siglo XIX, resulta asombroso comprobar que los sillares prácticamente intactos dejan entrever la forma tan singular de la antigua iglesia adaptada a la forma de la manzana que en la Planimetría aparece con el número 265 y cuyo sitio número 1 “es la Iglesia y Real Hospital del Buen Suceso, fundado por los Señores Reyes Católicos.”


Julio 2006

Lo sorprendente es que han aparecido solo a aproximadamente metro y medio de profundidad. De todas formas, gracias a esto, el descubrimiento y el proyecto de mantenerlos en forma de museo bajo el suelo no afectan a la construcción de los túneles. Si hubieran estado a mayor profundidad, ¿qué hubiera ocurrido?

Las obras se detuvieron y no sabemos muy bien porqué. Fomento alegaba que la Comunidad no les permitía continuar. Y Patrimonio decía que estaban intentando encontrar la mejor manera de salvaguardar los importantes restos hallados. Mientras las obras han estado detenidas los cimientos de piedra con cuatro siglos de edad han estado a la intemperie. Pero por fin a primeros de año se inició el desmontaje de los restos[5] que han sido trasladados a algún lugar para su estudio y conservación, y ya se han reanudado las obras.

Aún no se sabe a ciencia cierta cual será la solución adoptada para su exposición al público.

De su altísimo valor histórico no hay duda, y sería deseable que Madrid pudiera ir recuperando su pasado y contemplar los pocos restos arqueológicos que han sobrevivido.

La lectura del ya mencionado artículo de Miguel A. Castillo Oreja sobre la Iglesia del Buen Suceso me ha impulsado a contar parte de lo que este autor nos descubre con el fin de llamar la atención sobre uno de los muchos edificios destruidos en Madrid y que ahora gracias a la recuperación de una mínima parte tenemos oportunidad de apreciar en su justo valor, aunque únicamente sirva para conocer un poco mejor nuestra historia. Solo se trata de reivindicar en cierto modo la importancia de esta iglesia renacentista en la historia de la arquitectura madrileña, y por tanto en la historia de la villa, formando parte de la vida de uno de los lugares más emblemáticos de Madrid, la antiquísima plaza de la Puerta del Sol.

Mercedes Gómez

Madrid, agosto 2007

Bibliografía:

Antonio de LEON PINELO. “Anales de Madrid” (edición 1971).

José DEL CORRAL. “El Hospital de Corte. Llamado del Buen Suceso” Instituto Estudios Madrileños.
Ciclo Conferencias. Madrid, 2000.

Miguel CASTILLO OREJA. “La Iglesia del Buen Suceso: la reedificación de un templo singular en el Madrid de Carlos II”, Revista de Arte, Geografía e Historia, Madrid 2000.


[1] Herrera y Maldonado, F. “Libro de la vida y maravillosas virtudes del Siervo de Dios Bernardino de Obregón Padre y Fundador de la Congregación de los enfermos pobres…” Madrid 1633.[2] Narciso Pascual y Colomer. Alzado de la fachada. La portada es la primitiva del templo, diseñada por Francisco de Mora.

[3] El País, 8 junio 2006

[4] El País, 14 junio 2006

[5] El País, 23 enero 2007

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