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El Museo del Prado

(A la memoria de mi abuelo materno, José Mª Angoloti Mesa, pintor artístico y asiduo copista de los grandes maestros del Museo Nacional del Prado)

No voy a hablaros de las colecciones del Museo, ni de alguna de sus obras en particular, pues otras plumas más sabias y mejores que la mía se han ocupado de ello. Y mucho menos lo haré ahora cuando acaba de publicarse la monumental Enciclopedia del Museo del Prado, completo compendio de cuanto a él concierne.

Mi intención, por el contrario, es trazar un breve bosquejo, lo más completo que me sea posible, de lo que es el Museo, de cómo ha llegado a ser uno de los grandes del Mundo y “uno de los símbolos más representativos de la cultura española y de la ciudad de Madrid” (1), cuyas colecciones no sólo se reducen a obras pictóricas, sino que también abarcan dibujos, grabados, esculturas, artes decorativas, monedas y medallas.

En efecto, aparte de lo que le da renombre internacional, los cuadros, con obras de más de 1.600 artistas, posee colecciones, si bien no tan importantes, de dibujos, estampas (grabados) –unas 4.000; la gran depositaria en esta materia es la Biblioteca Nacional-, esculturas (con piezas que abarcan un gran arco cronológico, desde la Grecia clásica, como la Cabeza de Caballo de época arcaica, o Roma hasta el S. XIX; de artistas españoles, italianos, franceses, flamencos e, incluso, de escuelas nórdicas, como el danés Thorwaldsen o el sueco Sergel); Artes Decorativas (Tesoro del Delfín, 169 piezas de joyería que fueron de Luis, Gran Delfín de Francia, padre de nuestro Felipe V; porcelanas del Buen Retiro y de otras manufacturas europeas, cristal de La Granja, marfiles, platería, muebles…), monedas y medallas (2).

La suma de todas esas colecciones constituye un inmenso patrimonio histórico, de extraordinaria riqueza artística, cuya contemplación me impresionó tanto la primera vez que fui al Prado, en la primavera del ya lejano 1963, que me convertí en uno de sus fieles admiradores, hasta el punto que, desde entonces, ningún año he dejado de visitarlo.

Aquella riqueza artística proviene en gran medida de la fusión en distintos momentos históricos de tres museos de pintura y escultura, completada a lo largo de los años con adquisiciones de obras a través de varias vías de las que trataré más adelante.

Me refería antes a una fusión de tres instituciones, aunque quizá fuera más exacto hablar de fusión por absorción si se me permite emplear términos jurídicos. De la fusión en el preexistente MNP de otros dos Museos a los que en un caso absorbió totalmente, con lo que se extinguió (El Museo de la Trinidad), y parcialmente en otro (El Museo Español de Arte Contemporáneo), al que previamente le habían escindido sus colecciones. Veamos brevemente cómo ocurrieron estos procesos.

El Museo Real de Pinturas (es decir, el Prado en sus orígenes) abrió sus puertas al público el 19 de noviembre de 1819, durante el reinado de Fernando VII, mostrando 311 óleos procedentes de las colecciones de los reyes de España. Pronto creció, fundamentalmente con obras de la colección real, hasta sumar 4.000 cuadros en 1827. Propiedad personal del monarca hasta 1865, año en que por Ley de 12 de mayo se vinculó a la Corona, estuvo a punto de desaparecer treinta años antes con la testamentaría de su fundador, fallecido en 1832, pues preveía repartir los fondos entre sus herederos, lo que al final no ocurrió, afortunadamente (3). Esa vinculación con el monarca de turno o con la Corona determinó que hasta 1868 se llamara “Museo Real de Pinturas”. Posteriormente, por Ley de 18 de diciembre de 1869 se extinguió el Real Patrimonio y revertió al Estado (4)

A la vista de aquel importante número de telas, en vano trata uno de imaginarse cómo hubiera sido el Museo si el Patrimonio Real no hubiera sufrido dos tragedias, la segunda de las cuales por desgracia cayó sobre toda España: el incendio del Alcázar en la Navidad de 1734 y la Guerra de la Independencia (1808 – 1814).

El Museo de la Trinidad (MT) se creó por Real Orden de 31 de diciembre de 1837 y se extinguió por Real decreto de 25 de noviembre de 1870, que ordenó fundir en una sola las dos instituciones, integración que se consumó por Real Decreto de 22 de marzo de 1872. La primera de aquellas disposiciones establecía que las obras de arte procedentes de conventos de las provincias de Madrid, Segovia, Ávila y Toledo suprimidos por las leyes desamortizadoras de Mendizábal de 1835, se reunieran en Madrid, formando un museo, el Museo Nacional de Pintura. Se llamó “Nacional” por contraposición al Prado, que fue “Real” hasta el destronamiento de Isabel II. (5)

Puerta de Murillo. En el proyecto corresponde a la de la Academia de Ciencias. A la izquierda de la imagen se ve de perfil la escultura del pintor sevillano, obra de Sabino de Medina

 

Puerta de Murillo. En el proyecto corresponde a la de la Academia de Ciencias. A la izquierda de la imagen se ve de perfil la escultura del pintor sevillano, obra de Sabino de Medina

A aquellos fondos desamortizados se sumó la importante colección incautada al infante D. Sebastián Gabriel de Borbón y Braganza, por su apoyo a la causa del pretendiente D. Carlos María Isidro durante la Primera Guerra Carlista (1833-1840), que se le devolvió en 1861, lo que a la postre fue lamentable para el patrimonio artístico español, pues sus herederos la vendieron en Francia, dispersándose casi íntegramente por el extranjero. Por otro lado, el MT adquirió obras para incrementar sus fondos, como un conocido Autorretrato de Goya, y aquellas que se consideraron relevantes de entre las presentadas a las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes (Éstas se crearon por un Real Decreto publicado en la “Gaceta” el 12.1.1854 y, convocadas por el Estado, se celebraron bianualmente desde 1856 hasta 1968, inclusive, con las salvedades de la Primera República y de la Guerra Civil de 1936) (6).

El MT se ubicó en el Convento de la Trinidad Calzada de Atocha (de ahí su sobrenombre), sito en esa vía, por donde hoy está la C/ Dr. Cortezo. Edificio que fue levantado por iniciativa de Felipe II en 1562 (su iglesia, en 1590), según trazas dadas por Gaspar Ordóñez. En él tuvo asiento, al tiempo que el Museo, el Ministerio de Fomento, y desgraciadamente se derribó en 1897. Del complejo monacal se conserva la Capilla del Ave María, aún en uso (7).

Una Orden del Ministerio de Educación y Ciencia, de 27 de enero de 1971, escindió los fondos del Museo Español de Arte Contemporáneo (MEAC) y dispuso que la llamada Sección de Arte del S. XIX se integrara en el MNP. Se instaló en el Casón del Buen Retiro tres años después.

Aquel Museo se creó por Real Decreto de 4.8.1894, durante la regencia de Dª Mª Cristina por minoría de su hijo el Rey Alfonso XIII. Inicialmente se llamó Museo de Arte Contemporáneo, nombre que se sustituyó un año después por el de Museo de Arte Moderno. Tras algunos cambios más en su denominación y contenido en los que no podemos entrar por ser ajenos a este estudio, con el Decreto 2935/1968, de 21 de noviembre, adoptó la denominación dicha en un principio, que conservó hasta su extinción, cuando sus fondos se integraron en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS), en virtud de lo dispuesto en el Real Decreto 535/1988, de 25 de mayo, por el que el Centro de Arte Reina Sofía se configura en MNCARS. Posteriormente, el Real Decreto 410/1995, de 17 de marzo, sobre reordenación de las colecciones estables del MNP y del MNCARS, asignó al primero las obras de artistas nacidos antes de 1881 (cuando Picasso vino al mundo), con excepción de 31 artistas concretos que se relacionan e n un anexo, “en atención a las especiales características que en ellos concurren”, todos nacidos antes que el genial malagueño (8). Y al segundo, los que empezaron a vivir después de aquel año. En cumplimiento de esta decisión legislativa, el MNP cedió al MNCARS las obras que poseía del S. XX, incluso las especialmente donadas, como el “Legado Picasso” (el Guernica, entre otros) o diversos óleos de Juan Gris y de Joan Miró.

En 1971, al tiempo de su división, el MEAC estaba ubicado en el Palacio de Bibliotecas y Museos, sito en Pº Recoletos, 20, en el inmueble levantado por Francisco Jareño Alarcón y Antonio Ruiz de Salces (1892), con entrada bajo el frontón tallado por Agustín Querol. Posteriormente, se trasladó a la Ciudad Universitaria (9)

El MNP comenzó a adquirir obras con las que completar sus fondos prácticamente desde su inicio, continuando esa política hasta el presente. La adquisición puede venir por:

a) Compra directa a los propietarios de la obra (La Trinidad de Ribera, La Piedad de Van der Weyden, el Cristo Muerto… de Antonello de Mesina; La Condesa de Chinchón de Goya…)

b) Por legado (especialmente, los de Pablo Bosch –unos 90 cuadros más medallas y monedas-, de Cambó –tres tablas de Sandro Botticelli, varios primitivos italianos y un Zurbarán-, el de Fernández-Durán -64 cuatros, entre ellos uno ruso del XVIII, 2.875 dibujos, de los que dos son de Miguel Ángel, y multitud de objetos de artes decorativas)

c) Por donación (el Cristo de Velázquez, Las Pinturas Negras de Goya…) Llegado a este punto quisiera mostrar mi respeto y admiración por aquellas personas que desinteresadamente se han desprendido de obras, casi siempre muy valiosas, para entregarlas al Museo, para su disfrute por la Sociedad. O si no han sido obras, han sido bienes fungibles, pues ni qué decir tiene que puede donarse (o legarse), no sólo obras artísticas, sino también sumas de dinero en efectivo, incluso, otros activos fácilmente realizables, como el Legado Giner Pantoja (el importe de la venta de una casa en París) (10).

d) Adscripción por la Administración General del Estado (AGE) al MNP de bienes adquiridos, bien por dación en pago de deudas tributarias, figura no ha mucho reconocida por la legislación fiscal (Diana cazadora, de Van Loo, o la última: 40 obras españolas, bodegones y floreros, del S. XVII –XIX, expuestas al público en el otoño de 2006, bajo el título de una comedia de Lope de Vega, Lo fingido verdadero), bien conseguidas al ejercer los derechos de tanteo o, en su caso, de retracto que le reconoce la vigente legislación sobre patrimonio (así, las dos obras de Beuckelaer adquiridas en 1984 y 1985). Con la adscripción (también existe la desadscripción) la AGE conserva la titularidad jurídica de la obra en cuestión, pero corresponde “al MNP su utilización, conservación, administración y cuantas prerrogativas referentes al dominio público y a los bienes patrimoniales del Estado se encuentren legalmente establecidas” (11).

e) Y aunque en puridad no sea una “adquisición”, pues el MNP no logra su propiedad, no deben olvidarse los depósitos hechos en nuestro Museo por otras personas o entidades, ya sean por plazo cierto, ya sean indefinidos (entre estos, las pinturas murales románicas de San Baudelio de Casillas de Berlanga, que pertenecen al Metropolitan Museum of Art, de Nueva Cork, cedidos a cambio de la iglesia de San Martín, de Fuentidueña, Segovia, también en depósito temporal indefinido. O el Descendimiento de Van der Weyden o la Mesa de los Pecados Capitales del Bosco, ambos del Patrimonio Nacional, depositados en 1939 cuando regresaron del “exilio” en Ginebra).

No cito otras vías, como las permutas (intercambio de obras), pues no conozco ninguna. El único caso que pudiera aproximarse fue el concertado entre el Gobierno español y el de Vichy presidido por el mariscal Pétain, en 1941, durante la ocupación alemana de Francia en la II Guerra Mundial. A cambio, entre otras piezas, de un velázquez del MNP, éste recibió la Inmaculada Concepción de Murillo y la Dama de Elche, hasta entonces propiedad del Museé du Louvre y desde 1971 depositada en el Museo Arqueológico Nacional (12).

Los fondos así atesorados dan como resultado una colección de gran riqueza artística; de fuerte personalidad histórica, formada fundamentalmente por el afán coleccionista de diversos monarcas (por tanto, no sólo a su gusto, sino también movidos por consideraciones políticas, ideológicas y económicas) y por el mecenazgo de la Iglesia Católica. Por estas causas no es sistemática; presenta bastantes lagunas, alguna de las cuales ha sido cubierta por otras instituciones museísticas madrileñas, muy especialmente por el Thyssen (primitivos italianos, escuela alemana, inglesa, francesa, holandesa, norteamericana; movimientos como el impresionismo, postimpresionismo, etc; por no hablar de artistas de primera línea ausentes del MNP: Van Eyck, Holbein Frans Hals, Canaletto, Fragonard, Delacroix, Renoir, Toulouse-Lautrec…) y por el Lázaro Galdiano (escuelas inglesa y holandesa) -13-.


La riqueza artística reunida por los procesos y procedimientos descritos es tan grande, que los limitados espacios físicos del MNP son insuficientes para exhibirla o guardarla. Por eso se habla de un “Prado Oculto”, en referencia a las obras guardadas en sus almacenes; de un “Prado Disperso”, expresión con la que se alude a las depositadas en otros museos o en un sinfín de organismos, entidades e instituciones públicas y eclesiásticas, aunque actualmente se tiende a reconducir todos aquellos depósitos a instituciones museísticas (14). E, incluso, existe un “Prado Itinerante”, esto es, exposición de pinturas del MNP que recorre diversas ciudades españolas (la de los años 2006 -7, compuesta por 62 cuadros, está dedicada a “El retrato español: del Greco a Goya”), para dar a conocer el Museo a todos los ciudadanos.

Los “espacios físicos” donde se muestra, conserva o gestiona, ahora o en un futuro próximo, la riqueza artística del MNP son un conjunto de seis edificios, de los cuales cinco están en Madrid y en Ávila el sexto (15):

1º.- “Edificio Villanueva”

Es el principal. Toma su nombre del arquitecto que por encargo de Carlos III en 1785 lo trazó y construyó en gran medida, Juan de Villanueva. A su muerte en 1811, le sucedió Antonio López Aguado. Éste, además, tuvo que reparar los daños causados al edificio por las tropas napoleónicas, que lo convirtieron en cuartel y utilizaron para munición el plomo de sus cubiertas. Se concluyó, mediado el S. XIX, por Narciso Pascual y Colomer. Desde entonces numerosas han sido las reformas y ampliaciones (éstas siempre por su fachada trasera) que ha sufrido, y aun sufre, pues al presente ejecuta otra el arquitecto Rafael Moneo Vallés. De entre las reformas, a mi juicio, debe destacarse la de la galería central que en 1927 llevó a cabo el arquitecto Pedro Muguruza Otaño. Sustituyó la bóveda encamonada y de casetones fingidos, de López Aguado, por otra de hormigón armado provista de grandes lucernarios para aprovechar mejor la luz cenital. Además, adornó ese espacio con los arcos triunfales con co lumnas pareadas que vemos hoy.

Villanueva proyectó un inmueble que reuniera un Gabinete de Historia Natural, una Academia de Ciencias y una Sala de Juntas. Estas diferentes funciones y la topografía del solar “obligaron al arquitecto a resolverlo, no como uno, sino como tres (edificios) autónomos bajo una misma piel, en plantas superpuestas, con entradas diferentes en cada frente y circulaciones en fondo de saco” (16).

En la fachada del primero de estos tres edificios, el Gabinete, orientada al Norte y por entonces a ras del suelo, Villanueva empleó dos columnas y dos pilastras de orden jónico. Para el gran peristilo central por el que se accede a la Sala de Juntas se labraron media docena de columnas de orden dórico y, finalmente, para la Academia de Ciencias, al Sur, sobre un entablamento desnudo (para compensar el desnivel de la fachada septentrional), dispuso seis columnas acanaladas de orden corintio.

Fachada del edificio de Villanueva proyectada para entrada al Gabinete. En su inicio, el nivel del suelo llegaba a la altura de la barandilla que se observa en la mitad de la imagen, vaciándose el terreno hacia 1875. La actual escalera fue construida por Muguruza Otaño en 1947 que sustituyó a la primitiva diseñada por Francisco Jareño en 1879, terminándose dos años después

 

Fachada del edificio de Villanueva proyectada para entrada al Gabinete. En su inicio, el nivel del suelo llegaba a la altura de la barandilla que se observa en la mitad de la imagen, vaciándose el terreno hacia 1875. La actual escalera fue construida por Muguruza Otaño en 1947 que sustituyó a la primitiva diseñada por Francisco Jareño en 1879, terminándose dos años después

Adornan la fachada que da al Paseo del Prado un conjunto de doce esculturas, dieciséis medallones y un gran relieve. Todo de escaso mérito ejecutado en la primera mitad del S. XIX. Las estatuas efigian alegorías referidas en un programa iconográfico ideado por Fernando VII. De ellas, según Marta Carrasco Soler, ocho se deben al cincel de Valeriano Salvatierra y las restantes, quizá a Piquer y a Pérez Valle, sin que a ciencia cierta se sepa su autoría (17)

Los medallones, por el contrario, representan a diversos artistas españoles, no se deben a programa alguno y todos son obra de Ramón Barba, de quien también es el gran relieve del peristilo central, que efigia al monarca fundador rodeado de alegorías y personajes mitológicos.

Y una anécdota. Se dice que Carlos III “decidió levantarlo con los bienes incautados bajo su reinado a la Compañía de Jesús” (18)

Fachada del Casón trazada por González Bosco. Hasta hace una década, ante ella se alzaba el grupo escultórico “Los Sitios de Zaragoza”, de Álvarez Cubero, retirado por las interminables obras que refleja la imagen

 

Fachada del Casón trazada por González Bosco. Hasta hace una década, ante ella se alzaba el grupo escultórico “Los Sitios de Zaragoza”, de Álvarez Cubero, retirado por las interminables obras que refleja la imagen

2º.- “Casón del Buen Retiro”

Inmueble levantado por Alonso Carbonel en 1637 y terminado de acondicionar por su sucesor, José del Olmo, con posterioridad a 1656. Es uno de los restos que sobreviven del que fuera Palacio del Buen Retiro, conjunto palacial construido por mandato del Conde Duque de Olivares, en tiempos de Felipe IV.

Se destinó a Salón de Baile. Después, durante los SS. XIX y XX, tuvo variadas funciones antes de su asignación al MNP en 1971: desde Estamento de Próceres (el equivalente a nuestro actual Senado) a Museo de Reproducciones Artísticas, pasando por gabinete topográfico, picadero y gimnasio.

Su bóveda con lunetos luce una espléndida pintura mural de Luca Giordano (el castellanizado Lucas Jordán), La Alegoría del Toisón de Oro. De sus actuales fachadas, que no son las originales, la que da a Oriente se ejecutó por Mariano Carderera Panzán entre 1877 y 1883, al abrirse la C/. Granada, hoy Alfonso XII. La que da a Felipe IV, o al Oeste, “se debe al ciclón de 1886 que asoló la primitiva, propiciando el encargo a Velázquez Bosco de levantar otra nueva” (19).

Actualmente se halla en obras, iniciadas en 1996, para convertirlo en biblioteca y centro de estudios del Museo, aunque se permitirá la contemplación de la reseñada obra de Luca Giordano.

Fachada del casón debida a M. Carderera Panzán. La menos lograda de las dos monumentales

Fachada del casón debida a M. Carderera Panzán. La menos lograda de las dos monumentales

3º.- “Claustro de los Jerónimos”

En 1671 Fray Lorenzo de San Nicolás reconstruyó íntegramente el claustro del Monasterio de los Jerónimos, convento que fue levantado en su actual emplazamiento por orden de los Reyes Católicos en 1502. Este claustro, que se conserva, se “envuelve” en un edificio prismático de ladrillo visto proyectado por Rafael Moneo, donde, al parecer, cuando se termine se instalará la colección de escultura, además de varios servicios (20).

4º.- “Antigua sede de Aldeasa”.

Casa levantada en la década de 1970, en la C/. Ruiz de Alarcón, 23, que adquirió el Patrimonio del Estado en 1996. Allí se han montado las oficinas y locales administrativos del MNP. En edificio contiguo está la sede de la Fundación Amigos del Museo del Prado (21).

Cubo de Moneo. La puerta, de bronce, es obra de la escultora donostiarra Cristina Iglesias

Cubo de Moneo. La puerta, de bronce, es obra de la escultora donostiarra Cristina Iglesias

Fachada de la antigua sede de Aldeasa.

Fachada de la antigua sede de Aldeasa.

5º.- “Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro”

Otro resto del palacio de igual nombre, levantado entre 1630 y 1635 según las trazas dadas por Juan Bautista Crescenzi y Alonso Carbonel.

Este Salón era el espacio más significativo del palacio de los Austrias, arruinado en la Guerra de la Independencia. La bóveda de su techo conserva la decoración pictórica que tuvo en el S. XVII: grutescos dorados y escudos de los veinticuatro reinos que por entonces tenía la Monarquía Hispana (22)

En 1884 se instaló en él el Museo del Ejército que, desdichadamente, se trasladará en breve –si no lo ha hecho ya- al Alcázar de Toledo, con lo que nuestra Villa perderá una importantísima colección histórica, alguna de cuyas piezas están muy vinculadas a episodios de su Historia (Levantamiento del Dos de Mayo, asedio durante la Guerra Civil…)

Una vez se asigne al MNP, parece que se reproducirá el ambiente que tuvo en sus años de esplendor, cuando aquí el Rey recibía embajadores o ilustres visitantes, y de sus paredes volverán a colgar las mismas telas que antaño, entre ellas Las Lanzas de Velásquez, pues nuestra Pinacoteca conserva todas.

Entrada principal al llamado Salón de Reinos, uno de los restos del Palacio del Buen Retiro, que hasta hace muy poco albergó al Museo del Ejército. Las esculturas son parte de la serie labrada en el S. XVIII para el Palacio Real, siendo del último tercio del S. XIX la decoración en estuco de la fachada, alusiva a motivos militares

Entrada principal al llamado Salón de Reinos, uno de los restos del Palacio del Buen Retiro, que hasta hace muy poco albergó al Museo del Ejército. Las esculturas son parte de la serie labrada en el S. XVIII para el Palacio Real, siendo del último tercio del S. XIX la decoración en estuco de la fachada, alusiva a motivos militares

6º.- “Casona de los Águilas”

Se encuentra en la C/. López Nuñez de Ávila, al lado de la Puerta de San Vicente, dentro del recinto amurallado.

En ella se asentará el Centro de Gestión de Depósitos, que concentrará “los trabajos relacionados con la conservación y restauración del gran conjunto de obras dispersas en distintas instituciones oficiales y museos españoles”, según palabras del actual Director del MNP, Miguel Zugaza Miranda (23)

Reproduzco la descripción que de esta casona (o Palacio de Don Miguel del Águila) hace la página Web de turismo del Ayuntamiento de Ávila (www.avilaturismo.com), donde puede verse una fotografía: “Su hechura es del XVI y las características son las propias de las casas abulenses de la época. La fachada, que sigue la línea algo curvada de la calle, está organizada en dos pisos; la puerta reúne los escasos elementos decorativos: dos columnas que soportan los escudos de las familias Arellano y Águila, sostenidos por águilas explayadas. Sobre la puerta un balcón repite el mismo motivo. A través de un zaguán en disposición defensiva realzada mediante dos ventanas laterales como arpilleras, se accede al patio, formado por dos series de columnas, en torno al cual se organizan las estancias de la casa. Una escalera claustral de dos tramos lleva al piso superior. Fue reconstruida por Don Miguel del Águila en 1540”.

Gestiona la riqueza artística de la que hablamos un Ente Público, dotado de personalidad jurídica propia y plena capacidad de obrar por la Ley 46/2003, de 25 de noviembre, reguladora del MNP, desarrollada reglamentariamente por el Real Decreto 433/2004, de 12 de marzo, que aprueba su Estatuto. Ambas disposiciones fijan los fines de la Pinacoteca, que no se limitan sólo a exhibir sus colecciones, sino a impulsar su conocimiento, su investigación, la educación y el acceso al público, entre otros.

Tres órganos gobiernan este Ente Público adscrito al Ministerio de Cultura: El Presidente del MNP; el Real Patronato, del que los Reyes son presidentes de honor, y el Director.

1º.- El Presidente del MNP es el Ministro de Cultura (antes, “Educación, Cultura y Deporte”), que tutela al Ente Público (no confundirlo con los “organismos autónomos”), aprueba los planes de actuación del organismo y el anteproyecto de presupuesto que le someta el Real Patronato, para su tramitación conforme a la Ley General Presupuestara” (24)

2º.- El Real Patronato, órgano colegiado compuesto por 20 miembros como mínimo y 30 como máximo, de entre los cuales elige por un lustro a su Presidente, a quien la Ley atribuye la representación institucional del MNP, a su Vicepresidente y al Secretario no patrono.

Sus miembros pueden ser natos (esto es, por razón de su cargo, como el Alcalde de Madrid, el Presidente de la Comunidad Autónoma de Madrid, el de la Fundación de Amigos del Museo del Prado, el Director del Museo…), once en estos momentos, o designados por cinco años por diversas instituciones académicas y culturales que no citamos para no alargarnos en exceso, y por el propio Director.

Funciona en Pleno (en líneas generales, establece los principios de organización y dirección y determina las directrices de su actuación) y en Comisión (compuesta por Presidente, Vicepresidente, Director y seis vocales designados por éste), que impulsa y supervisa la estrategia y líneas de actuación marcadas por el Pleno y la actuación del equipo directivo (Jefes de Direcciones, subdirecciones y servicios).

3º.- El Director es nombrado y separado mediante Real Decreto aprobado por el Consejo de Ministros, como antes se dijo, a propuesta del Ministro de Cultura y a iniciativa del Real Patronato.

Ostenta las “facultades ejecutivas que permiten el funcionamiento fluido y continuo del Museo” (Exposición de Motivos de la Ley).

Dirige y coordina al personal de plantilla, que supera en estos momentos las quinientas personas. El personal es laboral, no funcionarial (los funcionarios que presten servicio en el Museo se les reconoce la situación administrativa de servicios especiales”), sujeto a su convenio colectivo.

El autor de estas líneas, quizá por su formación profesional, a grandes rasgos ve un paralelismo entre la estructura orgánica del MNP recién esbozada y la de las sociedades anónimas unipersonales (SAU, en anagrama), es decir, las que tienen un solo accionista, permitidas en nuestro Derecho desde 1995, especialmente si éste es también persona jurídica: el Ministro equivaldría al representante del único socio; el Real Patronato al consejo de administración (recuérdese que la Ley no exige que los consejeros sean también accionistas) y, por último, el Director sería el consejero delegado. Así se entiende mejor la función de cada cual.

Finalmente, sólo me resta hablar de una entidad que, aunque no forma parte del Museo, es inseparable de él. Constituye el engranaje intermedio entre éste y la Sociedad a la que sirve. Me refiero a la Fundación Amigos del Museo del Prado.

Se trata de una Fundación cultural privada, sin ánimo de lucro, creada en diciembre de 1980, de duración indefinida, abierta a cualquier persona, natural o jurídica, ya española, ya extranjera, que desee apoyar e impulsar al MNP.

Su actividad es variada: organización de cursos, conferencias, exposiciones, visitas guiadas, donación de obras (hasta el presente, cinco óleos y otros tantos dibujos, todos ellos de diferentes artistas), publicación de guías de sala, catálogos de exposiciones y libros (entre estos, la Enciclopedia del Museo del Prado). Todo ello le ha valido la concesión de la Medalla de oro al Mérito en las Bellas Artes.

Según su Memoria de Actividades de 2005, última publicada, que puede consultarse por Internet (www.amigosmuseoprado.org), cuenta con:

a) 7.546 miembros particulares, entre los que se encuentra el autor de estas líneas desde hace un cuarto de siglo, que os anima a inscribiros en la categoría de miembros más acorde con vuestra situación personal (hay cinco).

b) 2 Corporaciones.

c) 99 Compañías mercantiles

d) 34 Medios de Comunicación.

Y este ha sido el resumen, quizá demasiado largo, mas no he sabido acortarlo, de lo que es el MNP en los albores del S. XXI y en vísperas de su segundo centenario.

Texto y fotografías por Federico Rodríguez de Campomanes Angoloti, miembro de nuestra Asociación.

Notas y bibliografia

(1) Lola Garrido, Javier y Pablo Olivares. Museos de Madrid y Región. Comunidad de Madrid, Consejería de Cultura, 1990.

(2) Enciclopedia del Museo del Prado (en adelante EMP). Fundación Amigos del Museo del Prado. Madrid, 2006.

(3) Otras dos veces en su historia la pinacoteca ha corrido riesgo de desaparecer: cuando la Guerra Hispano Norteamericana de 1898, en que se llegó a pensar en entregar sus colecciones a cambio de las Islas Filipinas, lo que al final no ocurrió; y durante los bombardeos sobre Madrid y posterior “exilio” en la última Guerra Civil

(4) Consuelo Sanz Pastor. Museos y Colecciones de España. Ministerio de Cultura. Madrid, 1986.

(5) María López Fanjul y otros. Los números y marcas de colección en los cuadros del Museo del Prado. En Boletín del Museo. 2005, y EMP

(6) EMP

(7) Bernardino de Pantorba. Historia y Crítica de las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes celebradas en España. Madrid, 1980. A ellas concurrió Picasso en 1897 y 1899, recibiendo menciones honoríficas. En la última también participó mi abuelo, que logró la tercera medalla con un cuadro destruido durante la Guerra Civil.

(8) Mª Isabel Gea Ortigas. El Madrid desaparecido. Ediciones La Librería. Madrid, 2003.

(9) Estos artistas, todos españoles, son los siguientes: Anglada Camarasa, Hermenegildo, Arteta y Errasti, Aurelio, Bacarisas Podesta, Gustavo, Baroja Nessi, Ricardo, Canals y Llambi, Ricardo, Casas y Carbo, Ramón, Clara Ayats, José, Chicharro y Agüera, Eduardo, Echevarría Zuricalday, Juan de, González Pellicer, Julio, Hugué Manolo, Iturrino González, Francisco, Marquet, P. Albert, Mir y Trinxet, Joaquín, Nonell y Monturiol, Isidro, Pichot y Giroe, Ramón, Piñole Rodríguez, Nicanor, Raurich y Petre, Nicolás, Regoyos y Valdés, Darío de, Rodríguez Acosta, José María, Romero de Torres, Julio, Rusiñol y Prats, Santiago, Sancha y Lengo, Francisco, Sert y Badía, José María, Sunyer y Miró, Joaquín, Valle Fernández, Evaristo, Vila y Cañellas, José María, Winthuysen y Losada, Javier Zaragoza Fernández, José Ramón, Zubiaurre y Aguirrezábal, Valentín de, Zuloaga y Zabaleta, Ignacio de.

(10) La colección de Arte del S. XX se trasladó al edificio de Juan de Herrera, 2, proyectado por Jaime López de Asiain y Ángel Díaz Domínguez, donde hoy está el Museo del Traje.

(11) Noticias del Prado. Boletín del Museo. 1980.

(12) Artículo 15,1, Ley 46/2003, de 25 de noviembre, reguladora del MNP.

(13) Ricardo Olmos y Trinidad Tortosa. La Dama de Elche. Lecturas desde la diversidad. Pág. 110. Madrid, 1997.

(14) Otro Museo con alguna obra de artistas importantes no presentes en nuestra primera Pinacoteca es el de la Real Academia de Bellas Artes: Arcimboldo y Fragonard, por ejemplo.

(15) EMP. Buena muestra de esa dispersión: El Ángel Caído, escultura de Bellver sita en el Parque del Retiro; el Expolio de Cristo, de Rizi, en la Catedral de La Almudena. Los Boletines anuales del Museo hasta ahora publicados relacionan obras de “El Prado Disperso”. Si cogemos el de 2005, veremos cuadros depositados en iglesias de Urracal y Cantoria y en el Ayuntamiento de Úbeda, entre otros lugares.

(16) Entre 1986 y 1989 se adscribió al MNP el Palacio Villahermosa, donde celebró varias exposiciones, hoy sede del Museo Thyssen.

(17) Arquitectura de Madrid. Casco histórico. Pág. 129. Fundación COAM. Madrid, 2003.

(18) Marta Carrasco Soler. Las personificaciones esculpidas que adornan la fachada principal del Museo del Prado. Boletín del Museo. 1999. Según la autora, las alegorías de Salvatierra fueron Paz, Fertilidad, Magnificiencia, Inmortalidad, Fortaleza, Constancia, Fama y Victoria. De otros escultores, Admiración, Euritmia, Arquitectura y Simetría.

(19) Carmen Sanz Pastor. Museos y Colecciones de España. Ministerio de Cultura, 1986.

(20) Arquitectura de Madrid. Casco histórico. Pág. 59. Fundación COAM, 2003.

(21) Ibíd. Pág. 24

(22) Ibíd. Pág. 410. No consta el nombre del arquitecto que levanto el inmueble.

(23) Ibíd. Pág. 57

(24) EMP. A modo de prólogo.

(25) Con posterioridad a la publicación de la Ley y del Estatuto, el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, pasó a llamarse Ministerio de Cultura en virtud del Real Decreto 553/2004, de 17 de abril, por el que se reestructuran los departamentos ministeriales.

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