Febrero 2005
L M M J V S D
« Oct   May »
 123456
78910111213
14151617181920
21222324252627
28  

Alonso de Ercilla

“-Que me place -respondió el barbero-. Y aquí vienen tres, todos juntos: La Araucana, de don Alonso de Ercilla; La Austríada, de Juan Rufo, jurado de Córdoba, y El Monserrato, de Cristóbal de Virués, poeta valenciano.

-Todos esos tres libros -dijo el cura- son los mejores que, en verso heroico, en lengua castellana están escritos, y pueden competir con los más famosos de Italia: guárdense como las más ricas prendas de poesía que tiene España.”

D. Alonso de Ercilla y Zúñiga retratado por el Greco.

“El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha”. Parte primera, capítulo VI.

En un trabajo anterior escribíamos sobre Ruy González de Clavijo, aquel madrileño ilustre, Camarero de Enrique III, que viajó hasta la remota Samarcanda como embajador ante el gran Tamerlán. Clavijo, además de diplomático fue hombre de letras y nos dejó una maravillosa relación escrita de su viaje a Samarcanda. Vamos a tratar ahora de otro madrileño que al igual que Clavijo ocupó cargos en la Corte, que como él fue hombre de letras y gran viajero y que así mismo nos ha dejado escrita la aventura de la que fue partícipe. Nos estamos refiriendo a D. Alonso de Ercilla y Zúñiga, el inmortal autor de “La Araucana“.

D. Alonso de Ercilla y Zúñiga nace el 7 de Agosto de 1533 en Madrid, siendo bautizado en la iglesia de San Nicolás el día 11 del mismo mes.

“P. Sabado xj dias de Agosto Año de imagen d. xxxiij Años se batizó Alonso hijo del Señor dotor Arzilla e de su muger doña leonor: los padrinos fueron, el de la pila el licº monçon, y el lic.º Soto, y luis de monçon; e madrinas su mujer del lic.º Soto y la muger de luis de monçon; batizelle yo Antonio garçia cura. antonio garcia. “

D. Alonso era el sexto de los hijos del matrimonio formado por D. Fortún García de Ercilla y Arteaga y Dª. Leonor de Zúñiga y Zamudio. D. Fortún, Comendador de la Orden de Santiago, procedía de la estirpe del solar vizcaíno de la Torre de Ercilla y era un célebre jurisconsulto. Doctor en Derecho, llegó a ocupar el cargo de Oidor del Consejo Real.

Cuando D. Alonso apenas cuenta con un año de edad D. Fortún fallece. Su familia, bien situada económicamente y con importantes relaciones en la Corte, logra salir adelante a pesar de la muerte del cabeza de familia. Así en 1548 Dª. Leonor es nombrada guardadama de la Infanta María y Alonso entra como paje al servicio del Príncipe, el futuro Felipe II.

Durante su etapa como paje Ercilla recibiría una sólida instrucción humanista que incluía desde el estudio de los clásicos a autores tales como Dante, Bocaccio o Garcilaso, así como el conocimiento de lenguas - latín, francés, italiano y alemán - y estudios de astronomía y astrología. Como maestro de pajes la Corte española contaba con Juan Cristóbal Calvete de la Estrella, que había sido unos de los preceptores del propio Príncipe. Calvete de la Estrella, aragonés, había estudiado en Alcalá de Henares y escribió gran cantidad de obras, tanto en castellano como en latín, entre ellas, una historia de la conquista del Perú.

Ese mismo año de 1548 Carlos V manda reunirse a su hijo D. Felipe con él en Bruselas. El Emperador quiere que el Príncipe, que actúa como regente en su ausencia, vaya conociendo a sus futuros súbditos de los Países Bajos y que éstos, a su vez, le reconozcan y juren como heredero y sucesor suyo. Opina además que una buena manera de introducir a su hijo en el difícil arte de gobernar es que aprenda a su lado.

Durante la ausencia de D. Felipe actuarán como regentes su hermana María junto con su esposo Maximiliano II, rey de Bohemia, a quien se ha hecho venir desde Viena por tal motivo. Una vez instalado en España Maximiliano - el 13 de Septiembre llega a Valladolid - se ultiman los preparativos para la partida de Felipe, que el 2 de Octubre abandona Valladolid. Entre la numerosa comitiva que le acompaña, junto a grandes como el Duque de Alba y músicos de la talla de Cabezón, se encuentra nuestro protagonista, Alonso. El 14 de Octubre llegan a Barcelona donde se embarcan el 2 de Noviembre en una flota compuesta por cincuenta y ocho galeras. Como nota curiosa, mencionar que durante la estancia de la comitiva real en la Ciudad Condal el Cardenal de Trento dio un banquete en honor del Príncipe en el que se sirvieron ¡ ciento cincuenta platos !. El 25 de Noviembre la flota desembarca en Génova, y a través del conocido como “camino español” - Milán, Trento, Innsbruck, Munich, Luxemburgo, Ulm, Bruselas, Augsburgo - se dirigen a Flandes, haciendo su entrada en Bruselas el 1 de Abril de 1549. Hay que destacar que los viajeros, cual modernos turistas, se dedicaron a visitar y conocer las poblaciones por las que iban pasando.

Tras asistir en Julio a la Dieta Imperial convocada en Augsburgo, D. Alonso, siempre acompañando a su Señor, viajó al Sur de Alemania, donde pasó un año, para a continuación, emprender el viaje de regreso a España. El Príncipe y su séquito hicieron su entrada en Barcelona el 12 de Julio de 1551.

El viaje, que había durado casi tres años, dejaría profunda huella en Ercilla. Supuso trabar conocimiento con otras culturas, visitar las ricas ciudades del Norte de Italia, Alemania, Flandes,… todo lo cual contribuyó sin duda a ensanchar sus horizontes así como ampliar su formación humanística.

Al pasar por Zaragoza, camino de Valladolid, D. Felipe y su comitiva se cruzaron con el cortejo de su cuñado Maximiliano II y su esposa, su hermana María, que se dirigían a Viena, finalizada ya su labor de regentes. En esta comitiva se encuentra Dª. Leonor, la madre de D. Alonso y el joven recibe permiso para reunirse con ella y viajar hasta Viena.

Tres años más tarde, en 1554, D. Felipe se dirige a Inglaterra para contraer matrimonio con su reina, María Tudor. Una vez más Alonso acompaña al Príncipe, y es durante su estancia en Londres cuando traba conocimiento con una persona que le hará imprimir un nuevo rumbo a su vida: Jerónimo de Alderete. D. Jerónimo había sido enviado a España por el Gobernador de Chile, Pedro de Valdivia, con la misión, entre otras, de entregar el Quinto Real. Pero sus conversaciones con el regente se habían visto interrumpidas por el viaje de D. Felipe a Inglaterra y D. Jerónimo quedó esperando su vuelta en Valladolid. Sin embargo, tras recibirse en España las noticias de la muerte de Valdivia luchando contra los araucanos Alderete acudió a Inglaterra para solicitar del Príncipe su nombramiento como sucesor en el cargo de Valdivia, merced que se le otorga en Mayo de 1555.

No debía de ser mal narrador D. Jerónimo y pronto captó la atención del joven Alonso, que escuchaba fascinado la descripción que de las Indias hacía el conquistador, así como la narración de las luchas contra los indios. Las palabras de Alderete inflamaron el alma del joven Alonso y despertaron en él la sed de aventuras así como la búsqueda de la gloria, por lo que se decidió a acompañarle en su regreso a Chile. Algún biógrafo apunta también a un desengaño amoroso que haría a nuestro protagonista poner tierra de por medio, pero no disponemos de dato biográfico alguno en ese sentido.

Una vez de vuelta en España, tras abandonar tierras inglesas, D. Jerónimo y D. Alonso tuvieron que esperar a que se formara la flota a las Indias. Hay que recordar, que por temor a los piratas que surcaban las rutas marítimas del Atlántico, los navíos efectuaban la travesía en grandes flotas y sólo en épocas determinadas, buscando así una mayor fortaleza y seguridad ante los ataques corsarios. Aparte del peligro que por mar acechaba a los navegantes, no resultaba fácil ni cómodo cruzar realizar tan larga travesía. Cada viajero se tenía que ocupar de su propio mantenimiento, y como cada uno se acomodaba con sus bagajes donde podía, a bordo quedaba muy poco espacio para moverse. Acompañantes no deseados, como cucarachas, piojos y ratas pululaban por doquier. El agua, almacenada en toneles, se pudría y para mayor inri, la comida se conservaba en salazón, lo que producía bastante sed. Enfermedades como el escorbuto eran muy frecuentes en este tipo de travesías.

Preparada la flota, el 15 de Octubre de 1555 embarcan en San Lúcar de Barrameda Alderete y Ercilla, a quien acompañan cuatro criados. Curiosamente, en la misma flota viaja con ellos otro Virrey, el del Perú, D. Andrés Hurtado de Mendoza, Marqués de Cañete.

Pero Alderete no llegaría a pisar de nuevo suelo americano, ya que fallece, víctima de la fiebre amarilla, el 7 de Abril de 1556, en la isla de Taboga, cerca de Panamá.

A su llegada a Lima, Alonso es invitado a alojarse en el Palacio del Virrey, Hurtado de Mendoza. Como nuevo gobernador de Chile, D. Andrés, facultado para ello y en conveniencia con la audiencia de Lima, elige a su propio hijo D. García, que llegaría a Chile en Abril del año siguiente. Mientras tanto, se prepara una expedición de castigo contra los araucanos y Ercilla se une a la misma con el rango de capitán. A finales de año, y bajo el mando de D. García la expedición se encuentra ya preparada. Como no se dispone de suficientes navíos, los jinetes, trescientos hombres, parten por tierra. La infantería, ciento cincuenta hombres, se hace a la mar en tres naves a las que acompañan un galeón y otros barcos más pequeños, cargados de armas y pertrechos. Zarpan de Callao el 21 de Febrero de 1557 y tras afrontar una tempestad, en la que la nave capitana estuvo a punto de irse a pique, la expedición desembarca el 26 de Junio en la isla Quiriquina donde construyen un fuerte para repeler los continuos ataques de los araucanos.

Durante la campaña se libraron varias batallas contra los araucanos – Lagunillas, 7 de Noviembre; Millarapue, 30 de Noviembre; y Quiapo, 14 de Diciembre de 1557. El punto más lejano que alcanzaron los españoles fue la isla del Chiloé, donde D. Alonso dejó grabada en un árbol constancia de su presencia el 28 de Febrero de 1558:

“Aquí llegó, donde otro no ha llegado,
don Alonso de Ercilla, que el primero
en un pequeño barco deslastrado,
con solos diez pasó el desaguadero
el año de cincuenta y ocho entrado
sobre mil y quinientos, por Febrero,
a las dos de la tarde, el postrer día,
volviendo a la dejada compañía”.

Estrofa XXIX, Canto XXXVI de “La Araucana”

Cuenta el propio Ercilla, que cada noche iba anotando los avatares del día; a veces por falta de papel en cuero e incluso en pedazos de cartas. Estas anotaciones constituirían el germen de “La Araucana”.

Finalizada la campaña D. Alonso se vio involucrado en un altercado que a punto estuvo de pagar con su vida. Ocurrió durante el verano de 1558, en el transcurso de una fiesta en la ciudad de La Imperial. Acompañaba a D. García, cuando Ercilla se vio acometido por Juan de Pineda, con quien estaba enemistado por aquel entonces. Ambos echaron mano de sus espadas y se enzarzaron en una pelea delante del Gobernador, quien sintiéndose insultado y furioso atacó con su maza a Ercilla, con el fin de zanjar la disputa. D. Alonso buscó refugio en una iglesia cercana, pero de nada le sirvió asilarse en lugar sagrado. Hurtado de Mendoza condenó a ambos contendientes a la pena capital.

D. García Hurtado de Mendoza.

A pesar del insulto que había supuesto desenvainar las armas y enzarzarse en una pelea delante del Gobernador la condena a muerte resultaba desproporcionada. ¿Existían ya rencillas anteriores que justificaran tal reacción? D. García era el prototipo del aristócrata de la época: orgulloso, soberbio, valiente, y tremendamente religioso, no dudaba en aplicar castigos crueles, como cuando mandó amputar las manos a 150 indios prisioneros. Además, no miraba con muy buenos ojos a los conquistadores, muchos de ellos de muy humilde cuna, y despreciaba a los indios. No hay que descartar que un carácter como el suyo chocara en más de una ocasión con el de D. Alonso.

Ercilla y Pineda fueron encerrados e incomunicados, esperando que llegara el amanecer para ser degollados públicamente. Mientras tanto, varias personas trataron de convencer al Gobernador para que revocara tan desproporcionada sentencia, pero sin éxito. D. García se encerró en su casa y ordenó que nadie le molestara. Cuando parecía que nada podría librar de la muerte a los condenados, dos mujeres, una joven araucana y una española lograron introducirse por una ventana en la casa del gobernador e implorarle el perdón para ellos. El caso es que alguien se había dirigido a la doncella araucana sabedor de que al Gobernador no le resultaba indiferente la moza, por lo que le resultaría muy difícil negarle la gracia. Gracias a la intercesión de esta doncella la pena de muerte les fue conmutada en el último momento por la del destierro.

A comienzos de 1559 D. Alonso se embarca en Concepción con destino al Perú, donde la acogida que recibe ahora en Lima es muy diferente de la primera vez. Sin embargo, aunque ya no es un personaje que goce de las simpatías del Virrey y quizás por un remordimiento del trato cometido por su hijo, D. Andrés nombra a Ercilla “gentilhombre lanza de su cuerpo de guardia”.

Buscando nuevas oportunidades D. Alonso decide unirse a la expedición que se ha formado para apresar a Lope de Aguirre, pero cuando llega a Panamá se entera que Aguirre ha sido asesinado por sus propios hombres.

Finalmente, Ercilla decidió dar por finalizada su aventura en las Indias, que tan cara pudo haberle costado, y regresar a España, cuyas costas vuelve a pisar en Junio de 1563. Una triste noticia le aguardaba: el fallecimiento en Viena de D. Leonor, su madre. También tiene conocimiento del próximo enlace de su hermana mayor, María Magdalena, dama de la emperatriz María de Austria, con D. Fadrique de Portugal, señor de las baronías de Orani, Mur, Monóvar y Sollana.

Reintegrado a la vida de la Corte, da cuenta a D. Felipe de sus peripecias y vivencias en las Indias y le acompaña a las Cortes de Aragón, que tienen lugar en Monzón. Allí recibe licencia para viajar hasta Viena, donde se encuentra su hermana, y acompañarla de regreso a Madrid, donde tiene lugar su boda con D. Fadrique en Abril de 1565. Magdalena fallecerá pronto y dejará a Alonso como heredero. Este hecho, junto con el cobro de los sueldos que como lanza del Perú se le debían hará de él un hombre de posición acomodada.

En 1570 se casa con Dª. María de Bazán, dama de la Reina Isabel, que estaba emparentada con el importante linaje de los Santa Cruz y que aportó como dote más de ocho millones de maravedíes. A ella están dedicados los siguientes versos de la Araucana:

“Era de tierna edad, pero mostraba
en su sosiego discreción madura,
y a mirarme parece la inclinaba
su estrella, su destino y mi ventura:
yo, que saber su nombre deseaba,
rendido y entregado a su hermosura,
vi a sus pies una letra que decía:
del tronco de Bazán doña María.”

Canto XVIII de la Araucana

La emperatriz María de Austria actuó como madrina de boda. Ercilla tenía un hijo natural, nacido en 1568, fruto de una relación anterior y una hija. Del matrimonio con Dª. María de Bazán no tendría descendencia.

El enlace con D. María le supone en cierta manera un cierto encumbramiento social. Además, D. Alonso, es nombrado gentilhombre de la Cámara de su Majestad y ordenado Caballero de la Orden de Santiago en un acto que tiene lugar en la Iglesia de San Justo y San Pastor el 30 de Noviembre de 1571. Dos años después, la Orden aprobaba una norma por la que no podía vestir dicho hábito aquel que tuviera sangre judía o mora, por remoto que fuera el grado de parentesco. Parece ser que Ercilla tuvo alguna que otra dificultad a la hora de ingresar, ya que por parte materna descendía de Alonso Martínez de Nájera, médico, que aunque poseía ejecutoria de hidalguía como cristiano viejo, se decía que su padre, el mercader Hernán Martínez Calabaza, era judío converso.

En 1569 D. Alonso costea la publicación de su obra “La Araucana”, dedicada a Felipe II. “La Araucana” es un extenso poema de 1.146 octavas reales distribuidas en quince cantos que gira en torno a las luchas que mantuvieron los españoles y los araucanos, batallas de las que D. Alonso había sido partícipe.

El éxito con que se recibió la obra dispuso a Ercilla a escribir una segunda parte, impresa en 1578 en casa de Pierres Cossin en Madrid y aún una tercera en 1589. “La Araucana” se editaría completa en sus tres partes en 1590 en Madrid por Pedro de Madrigal. La primera edición que de ella se hizo fuera de España fue en Amberes en 1575, impresa por Pedro Bellero. La obra aparece citada por Cervantes como una de las que se libran del escrutinio que hacen el cura y el barbero de la biblioteca de Don Quijote, tal y como se cita al principio de este artículo y las dotes poéticas serían elogiadas en el “Laurel de Apolo”, de Lope de Vega :

“Don Alonso de Ercilla
tan rica Indias en su ingenio tiene,
que desde Chile viene
a enriquecer la musa de Castilla”

Sin embargo, el éxito conseguido con la pluma no le hace olvidar la espada, y D. Alonso aún intentará participar como soldado en una nueva empresa: el auxilio de Túnez, amenazado por los turcos. En Mayo de 1574 D. Juan de Austria había sido informado por sus espías que una imponente flota turca - trescientas naves y sesenta mil hombres de desembarco – se dirigía a Túnez. D. Juan pudo reunir a toda prisa y poniendo dinero de su bolsillo una considerable flota en Mesina. Pero la suerte de Túnez estaba echada, ya que una fuerte borrasca impidió a la flota cristiana acudir en su ayuda, y la ciudad acabó cayendo en manos turcas.

De todas formas, D. Alonso que había llegado demasiado tarde a Nápoles para poder participar en el socorro de Túnez decidió aprovechar el viaje para visitar al Papa Gregorio XIII, quien había conocido a su padre, y para asistir posteriormente en Septiembre a la coronación en Praga del Príncipe Rodolfo como Rey de Bohemia y al año siguiente a su elección como Emperador en Ratisbona. Ya que Rodolfo le había nombrado gentilhombre y camarero suyo, D. Alonso le asiste en ambas ceremonias. Tras visitar Estiria, Croacia y Corintia regresa a España en 1577. Aún efectuará Ercilla nuevos viajes en lo que le resta de vida, como el que hizo en 1582 a Lisboa, o el de 1585 a Alemania.

En 1580 el Consejo de Castilla le nombra Censor de libros, pero a pesar del prestigio que disfruta tanto por sus cargos como por el éxito de su obra, sus últimos años se verán ensombrecidos por la muerte de su único hijo, que había sido educado en la casa del marqués de Santa Cruz. Embarcado en la Gran Armada que en 1588 se dirigía contra Inglaterra, falleció durante el naufragio del barco en el que se hallaba embarcado, el “San Marcos”.

En Diciembre de 1593 Ercilla cae enfermo y tiene que guardar cama. Apenas un año más tarde, el Martes, 29 de Noviembre de 1594, a los 61 años de edad, fallece en su domicilio, sito en la Plazuela del Cordón, en la ciudad que le viera nacer. Como heredero universal de sus bienes había nombrado a su esposa, Dª. María, además de dejar ciertos legados a sus sobrinos, a sus criados y a algunos monasterios. Uno de los deseos que había tenido Alonso de Ercilla y su mujer había sido el de crear en Madrid un convento de carmelitas descalzas, donde ambos serían enterrados junto con la hermana de D. Alonso, Magdalena. No se pudo cumplir su deseo, al existir ya en Madrid un convento de la misma orden, por lo que su esposa, dispuso que D. Alonso fuera enterrado en el que la orden poseía en Ocaña.

En 1860 se quiso crear en Madrid un panteón de hombres ilustres, utilizando para tal propósito la basílica de san Francisco el Grande. Por tal motivo los restos de Ercilla fueron traídos de nuevo a la capital. Si embargo, como el proyecto no llegó a realizarse sus restos fueron devueltos a Ocaña.

En 1936 el convento de carmelitas de Ocaña fue saqueado y los restos de Ercilla profanados. Finalmente, y en colaboración con el gobierno chileno, el 14 de Junio de 1961 se exhumaron los restos y fueron trasladados desde el coro bajo donde se hallaban a un muro junto el lado del Evangelio. Se taparon con una lápida de bronce de 200 Kg. de peso y 2 m. de alto, inaugurada en acto que tuvo lugar el 20 de Junio.

D. Alonso de Ercilla y Zúñiga tiene en Madrid una calle dedicada y una placa en la iglesia de San Nicolás recuerda que allí fue bautizado.

Texto por Pablo Jesús Aguilera, miembro de nuestra Asociación.

Deja una respuesta

Puedes usar estas etiquetas HTML

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Locations of visitors to this page